Rituales de Cuaresma III: noches de ensayo

El tiempo es caprichoso e inestable cuando la primavera se aproxima. Muchas noches, paseamos con presagios de luna clara y serena y otras tantas, entre un frío que cala hasta lo más hondo del cuerpo. Pero a pesar de ese frío, nada detiene al cofrade en las noches cuadragesimales, donde se quiere exprimir las mismas, disfrutando de todo lo que la misma nos ofrece.  

Un ritual de la Cuaresma, son las noches de ensayo, donde el frio se sobrelleva mejor, bajo las trabajaderas de las parihuelas.

Allí están los hermanos horquilleros o costaleros, que se reúnen tras el anuncio del capataz, para preparar su Estación de Penitencia. Noches de mediciones, de calzarse, de enseñar a poner una faja, de escuchar las nuevas marchas del repertorio, de repasar el itinerario, de mostrar cómo se levanta un paso y de tantos y tantos buenos ratos de convivencia.

Ser parte de una cuadrilla, es formar parte de una gran familia, de la familia cofrade que cada uno elegimos. En nuestra cuadrilla, tenemos grandes amigos, que en los momentos de más necesidad, allí están pegados al palo, para compartir la pasión.

Pasear por nuestras calles es todo un lujo, pero aún lo es más, cuando uno se encuentra un ensayo, donde se aúnan la ilusión y la esperanza. Alrededor del paso, niños, jóvenes que sueñan con ser costaleros, familias y curiosos.

Y como no, tras el ensayo, la convivencia, donde hasta altas horas se intercambian opiniones, rumorología cofrade y espíritu cofrade en un ambiente de confraternidad.

Para mí, está claro, las noches de ensayo, son un clásico de la cuaresma. Vivamos pues estos días abrazándonos a las costumbres de siempre, para que estas no se pierdan y perduren en el tiempo muchas primaveras y sobre todo, haciéndonos disfrutar.