Sevilla es tierra de luz, contrastes y sobre todo: color. Mucho color. Así define y con este titular firma José Carlos Torres (Álora, Málaga) todas las obras que dedica a esta tierra por la que siente profunda admiración a la obra de enfrentarse a los encargos pictóricos realizados para la capital hispalense. Han sido y son las numerosas devociones sevillanas las que han salido de sus manos en unas obras llenas de color y mucho simbolismo.



Desde una Virgen de la Amargura asomada a la ventana del dolor hasta la unción pacífica del Soberano Poder de San Gonzalo del barrio León. Se siente cómodo en este terreno ya que profesa una inmensa admiración tanto por la ciudad como por su Semana Santa, algo que le hace llevar a cabo estos objetivos con mucha más ilusión, respeto y compromiso.






A punto de cumplirse un año (18 de julio) de su puesta de largo en la ciudad hispalense con el cartel de la Divina Pastora de Santa Marina, sueña con algún día realizar la que él considera una de sus obras más soñadas: el paño de la Santa Mujer Verónica de la Hermandad del Valle, su Hermandad fetiche por excelencia.


Pero lejos de cualquier sueño, este artista malagueño no ha dejado de labrar oportunidades para que Sevilla conozca su obra; muestra de ello es su participación en la exposición «Almas.75 Una mirada contemporánea», celebrada el pasado mes de octubre en el Círculo Mercantil de Calle Sierpes, organizada por la Hermandad de los Javieres. También participó presentando una obra para el concurso del cartel de la Semana Santa del barrio de Triana, pintando al vecino más antiguo del mismo: el Señor de las Tres Caídas. Una obra que tristemente no fue elegida por el jurado para tal fin.



Sueña este joven pintor con seguir trabajando para la ciudad de sus sueños, a la que profesa gran respeto y devoción, esperando que llegue el día en el que un rótulo de algunos de sus lienzos tenga escrito el nombre de la ciudad a la que profesa gran admiración: Sevilla.





