A punto de cerrar agosto, salta a los medios —vaya usted a saber de qué manera— que el Consejo de Cofradías quiere abordar la cuestión de la equiparación salarial entre las penitenciales que acuden a la catedral y las de Vísperas. No es ninguna novedad porque el tema es tan manido que si echamos la vista atrás lo encontramos en años previos.
Al margen de la devoción y del protagonismo que tenga la Semana Santa en la ciudad, el dinero es un elemento lo suficientemente destacable como para que se aborde. Porque sin el dinero no iríamos a ningún sitio. La explotación de la carrera oficial es vital para la supervivencia de las cofradías. No solamente las que van a la catedral, sino de las glorias y las sacramentales puras. Gracias a ello bulle un mundo que sin la sustancial suma de dinero que arrojan los que se sientan desde la Campana hasta la plaza Virgen de los Reyes sería muy distinto. Y si añadimos el chanchullo que se traen algunos revendiendo las sillas y palcos, no solamente viven las cofradías, sino que quien recibe el doble o triple de cantidad tiene para pasar unos cuantos días en la costa.
Con el asunto económico sobre la mesa el Consejo sale reforzado. Sin dudar, los representantes de las hermandades echarán mano de su caridad y lazos fraternos para rechazar que las que no acuden al primer templo de la diócesis no perciban la misma cantidad. Entonces, ¿dónde está la fortaleza de la institución? En que al menos habrá intentado una maniobra que calmará a aquellos que llevan años pidiendo que perciban la misma cantidad de dinero. Ello posibilitará que desde el Consejo quede constancia de que hicieron lo posible, pero el tema en cuestión se torció. Por otra parte, se calma a las que quieren llegar a hacer estación de penitencia a la catedral por un tiempo. Sobre todo a las que ya tienen el expediente abierto para alcanzar tal hito desde hace décadas… y que ven cómo no se resuelve su situación.
A pesar de que la Semana Santa ha demostrado que sí caben cofradías, no están por la labor las que se encuentran de acelerar el paso o de llevar a los nazarenos más rápidamente. En medio de situaciones incendiarias no está de más echar mano del asunto económico para calmar los ánimos. Porque todo un verano da para abordar, y mucho, el frenazo dado a las de vísperas que quieren alcanzar un sueño que no llega a cristalizarse. Detrás del esquema orquestado, las agrupaciones parroquiales que no paran de crecer y su futuro como próximas hermandades. Si las penitenciales de la catedral miran de reojo a las vísperas, de igual modo sucede por parte de estas últimas con las más jóvenes asociaciones. Y si las que van al centro no quieren ceder ni un minuto de su tiempo, imaginen para hacerlo con la cuantía que podría mermar en un futuro ante el crecimiento de grupos de fieles. Otro ejemplo de generosidad al que nos tienen acostumbrados cuando el dinero se pone sobre la mesa.





