No cabe duda de que la obra social, y la acción que de ella deriva, constituye una de las labores esenciales que desarrollan las hermandades en los cuatro puntos cardinales de la geografía mundial. Una labor fundamental que demuestra, día tras día, que sin la existencia del movimiento cofrade muchas de las carencias de la sociedad actual dejarían de ser cubiertas.
Hermandades de todos los niveles, pequeñas, medianas y grandes, evidencian esta máxima, mediante ejemplos diseminados por todos los rincones, como el que acaba de recordar la Hermandad de la Esperanza Macarena, que, entre las muchas áreas que cubre en este ámbito, abandera desde hace años un hermosísimo proyecto en la República Centroafricana, fruto de la colaboración de la hermandad con monseñor Juan José Aguirre.
Se trata de la construcción de la iglesia de la Esperanza, un templo financiado por la Corporación sevillana a la que ya sólo le falta el mobiliario los bancos y adecentar los espacios exteriores. En un sucinto comunicado, difundido a través de sus medios oficiales de información, la Hermandad ha mostrado su alegría por el hecho de que el recinto, situado en el barrio de Maliko en Bangassou, muy pronto acogerá a cientos de fieles que darán culto a Dios y a la Santísima Virgen.
Un proyecto maravilloso que demuestra hasta qué punto son importantes las hermandades y que la devoción a la Esperanza Macarena no tiene fronteras.









