Poco antes de las navidades se hizo tendencia viral el ir al Mercadona (luego te paso la factura por la publicidad gratuita, Juan Roig), a una hora concreta con una piña bocabajo en el carro, para ligar.
En estas fechas, sobre todo, en la sección de verduras, por aquello de los guisos de Cuaresma (hay que ir preparando el cuerpo), no se ven corrillos de chavalitos intentando llevarse el gato al agua, sino más bien personas talluditas hablando de Cofradías. Algún jovencillo también puede haber, pero seguro que les da pereza (última expresión utilizada con frecuencia entre los más jóvenes) ir a hacer la compra.
En días pasados, mientras una hacía la compra semanal, entre fruta, yogures, carne o galletas, se podía escuchar hablar del árbol de la calle Caruán o el tema de la Hermandad de Cañero. Resueltas esas incógnitas y con el tema ya lanzado a los cofrades, los pasillos del Mercadona se convierten en barras de bares cofrades hablando sobre la Magna de octubre.
Unos aplauden, creo que son costaleros y piensan en salir dos veces, siempre y cuando su Hermandad sea convocada (o se mete en alguna otra, ¡qué más da!, lo importante es salir). Otros se quejan porque era un puente en el que seguramente sería la última vez que irían a la playa este año. Desde luego, es que nunca llueve a gusto de nadie. ¡Ups, perdón, no quiero ni nombrar el agua!
Sea como fuere, se ve que la cadena de supermercados valenciana da mucho de sí, más le valdría al jefazo poner una zona de restauración amplia o unas maquinitas de café para los meses que quedan. O lo que es mejor, un pasillo temático con torrijas, unos bocaditos de nata como los que nos comíamos en La Purísima y tanto echamos de menos, alguna cremita para los pies cansados, plantillas para esas mantillas que se pasan horas con tacones… Y quién sabe si entre charla y charla cofrade… piña al canto.





