Soldado optó por no decretar nada, por ejemplo, cuando a la Quinta Angustia se le negó hasta en dos ocasiones entrar a formar parte de la Agrupación de Cofradías
Durante las últimas semanas, tres decretos tres, han marcado la vida de una parroquia cordobesa, la de Nuestra Señora del Carmen de Puerta Nueva. El primero fue dictado por el delegado para Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado. En él suspendía el proceso electoral en la Hermandad del Carmen, pese a haber candidata, y dejaba sine die al actual hermano mayor y junta de gobierno. Lo que es una prórroga de las grandes.
Después llegó el turno del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, que hizo varios nombramientos “estratégicos” de una tacada, días antes de presentar la renuncia (el 15 de febrero) y con los rumores cada vez más insistentes de que será aceptada por Roma en tiempo récord. O sea, que en unas semanas podría haber nuevo prelado, si se cumplen los pronósticos.
Los nombramientos “estratégicos”
Hay algunos muy llamativos. El de la destitución del párroco (que pasa a ser capellán en San Jacinto, el equivalente civil es el del famoso chiste del concejal de Cuenca) deja claro que su gestión del asunto no habría gustado en Torrijos. Pero mejor aun es el de reeditar la figura del doble párroco, con Rafael Rabasco de pastor en San Lorenzo y Puerta Nueva, como Domingo Moreno en Santiago y San Pedro, en la Vicaría Judicial y, recientemente, nombrado canónigo de la Catedral. Este también nombramiento estratégico.
Pero la táctica iría más allá, si se tiene en cuenta que Antonio Jesús Morales es el nuevo canciller y, en fechas recientes, también fue nombrado canónigo, como si de una especie de legado del obispo se tratara.
El tercer decreto y los no decretos
El trío de baculazos diocesanos vino al día siguiente de los nombramientos, cuando el delegado volvió a la acción, paralizando la actividad de la hermandad ad experimentumde la Salud, se cargó al hermano mayor y a la junta de gobierno, y recurrió al hermano mayor de Ánimas, José Ignacio Aguilera, para que haga las veces de delegado episcopal, o lo que equivale a presidente de la gestora.
Como en un poema decimonónico, las antítesis jalonaron la orden de Soldado, ya que se paraliza la actividad, pero se permite la procesión, pero solo con el misterio, la primera salida de la Virgen de Regla no se permite. Amén de que paralizar implica que no se haga tipo alguno de actividad, ni misas de hermandad, ni cultos, ni nada.
Y eso se contrapone a cuando Soldado optó por no decretar nada, por ejemplo, cuando a la Quinta Angustia se le negó hasta en dos ocasiones entrar a formar parte de la Agrupación de Cofradías, de la que el delegado es además consiliario.
En dos ocasiones, dos, dijo la asamblea que no, contradiciendo al propio Obispado y al obispo, que dieron luz verde a la cofradía para serlo y, por lógica, si en Palacio ven que cumple todo lo que se pide, los hermanos mayores reunidos en Isaac Peral no son más. Por tanto, un decreto hubiese bastado para restaurar el orden.
También hubiese sido oportuna la medida jerárquica directa (el decreto/baculazo) en el caso de los estatutos de la Agrupación, que se aprobaron pero no por mayoría cualificada. Soldado no podría decir que son cosa de interna de las hermandades, puesto que los actuales estatutos beben del Estatuto Marco que, saben, lo decretó hace casi tres décadas el Obispado.





