Entrevista | Enrique León Serrano: “Hay que mantener lo puro para que las nuevas generaciones sepan lo difícil que lo tuvimos cuando éramos capaces de estremecer a los cofrades con solo una corneta y un tambor”


En la siguiente entrevista, el director de la Banda de Cornetas y Tambores Esencia de Sevilla habla sobre sus comienzos y desvela cómo surgió su amor por la música procesional

Lleva más de 50 años tocando en bandas. En consecuencia, la de Enrique León Serrano (actual director de la Banda de Cornetas y Tambores Esencia de Sevilla) es una de las voces más autorizadas para reflexionar sobre muchos aspectos de las bandas, ya que apenas tienen secretos para él.

En la siguiente entrevista, este reputado músico habla sobre sus comienzos y desvela cómo surgió su amor por la música procesional cuando apenas era un niño. En los ’70 el mundo de las bandas era muy distinto y sobre el mismo narra cómo era y la forma en que ha evolucionado. No se la pierdan.

-¿Cómo comienzas en el mundo de las bandas? 

En el año 1973, cuando  estaba en tercero de EGB, la verdad no era aplicado en los estudios ya que era un chico muy inquieto y me llevaba todo el día en la calle jugando, los deberes no me gustaban nada y mi hobby eran las palomas, criarlas. En aquella época había muchos aficionados y mi madre siempre me reñía diciéndome que tenía que estudiar, por ello me incluyó en clases de recuperación llamadas en aquel entonces clases de permanencia, que consistía en ir  al colegio de seis de la tarde a ocho y media. 

“El sonido de los tambores y sus redobles se metía en mi pecho y me ponía nervioso, no porque me asustaran, sino por la emoción que sentía al escucharlos”

Mi colegio estaba muy cerca de la Cruz Roja situada esta entre la avenida del mismo nombre y la Ronda de Capuchinos en Sevilla. Cuando salía por la tarde de las clases, escuchaba ensayar a la Banda de Cornetas de la Cruz Roja dentro de las mismas dependencias a la espalda del hospital, el sonido de los tambores y sus redobles se metía en mi pecho y me ponía nervioso, no porque me asustaran, sino por la emoción que sentía al escucharlos. Yo era muy pequeño y aquellos músicos eran ya mayores, voluntarios y camilleros de aquella entidad militar.

En aquella época, en Sevilla existían solo dos bandas infantiles: los Cruzados del Colegio de la Sagrada Familia y “los moritos” del Colegio Padre Manjón, un día me acerqué al Padre Manjón con un amigo mío alumno de aquel colegio que tocaba el tambor en la banda, y le pregunto a don José, director del colegio y de aquella banda, que si yo podía apuntarme, normalmente los componentes eran alumnos del mismo colegio. Don José me dijo que si mis padres me dejaban y yo le mentí y le dije que sí y aprendí a tocar el tambor y a ser componente de la banda. 

Estuve yendo poco más de un año, hasta que en 1974 los chavales más mayores de mi barrio hicieron un paso de cruz de mayo y en aquella salida yo participé llevando la cruz de guía con la sorpresa de que trajeron una banda de chavales que habían fundado en el barrio de San Román siendo un gran acontecimiento en aquel mes de mayo, aquella banda de chavales se convertiría en la primera banda infantil que pertenecía a una hermandad de Sevilla, la cual llevaría el nombre de Virgen de las Angustias de la Hermandad de los Gitanos. Aquella idea de una banda de chavales la copiaron en el barrio y un vecino decidió crear para la barriada su propia banda para tener a los niños ocupados, fundándose así la Banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora del Mayor Dolor, nombre adoptado de la imagen titular de la parroquia que en la Barzola reunía a creyentes y feligreses en uno de los túneles adaptado como para este menester. 

Pasados algunos días de comenzar con la iniciativa de la fundación de aquella banda formada por chicos del barrio y aledaños fui a apuntarme y me mandaron a hablar con la persona que habían asignado como maestro, mi sorpresa fue al ver que aquel señor… era uno de aquellos músicos cornetín de orden de la Cruz Roja, José Colombo Baustista, pequeño pero de semblante militar se me quedó mirando y me preguntó que si sabia tocar algún instrumento a lo que yo le contesté, ¡sí! El tambor. Él me dijo que de tambor ya no había sitio y me dio una corneta (risas). Yo no quería tocar la corneta, pero él me dijo que si quería tocar en la banda tendría que ser con la corneta. Las clases del experimentado maestro eran de escala diaria y granos de arroz en la boca, que escupíamos a una velocidad de vértigo para aprender a picar las notas y ahí empezó todo.

“Las bandas se han profesionalizado hasta límites insospechados, antes todo era más familiar y no existía la maldad y la competencia infiel de nuestros días”

-¿De aquellos primeros años, qué recuerdas con más cariño? 

A Joaquín, “el cojo”, como cariñosamente llamábamos al fundador de aquella banda, un hombre amable que nos aguantaba carros y carretas.

-¿Cuánto han cambiado las bandas y la música procesional desde entonces hasta ahora? 

Las bandas se han profesionalizado hasta límites insospechados, antes todo era más familiar, eran pocos músicos y nos conocíamos todos, nos unía un lazo casi fraterno y no existía la maldad y la competencia infiel de nuestros días.

-De esa evolución ¿qué es lo más positivo? 

Lo más positivo es el nivel artístico e interpretativo de los músicos de hoy en día.

-¿Y lo no tan bueno?

La competencia y el egocentrismo por ser superior A si con ello tienen que destruir el trabajo de los demás.

-¿Cómo llegas a Esencia? 

Quizás podría decir que Esencia llega a mí, y a todos esos sueños de los sonidos de nuestra Semana Santa que me enamoraron en mi infancia y que no podía soportar perderlos.

-Es una banda de cornetas pura ¿cuánta falta hace en este tiempo? 

Para muchos quizás sea algo retrógrado en los tiempos que corren este tipo de bandas, las bandas no han evolucionado dentro de su estilo, han innovado y se han convertido en otra cosa, pero nada parecido a una banda de cornetas y tambores. 

“Quizás podría decir que Esencia llega a mí, y a todos esos sueños de los sonidos de nuestra Semana Santa que me enamoraron en mi infancia y que no podía soportar perderlos”

Sería una barbaridad que yo dijera que una banda de cornetas y tambores pura puede hacer mejor música armónicamente hablando que cualquiera dotada de una plantilla completa de viento metal, pero no podemos dar la espalda a nuestros orígenes. Hay que mantener lo puro para que las nuevas generaciones sepan lo difícil que lo tuvimos cuando éramos capaces de estremecer a los cofrades con solo una corneta y un tambor y rendir pleitesía al principio de nuestra razón de ser.

-Como director ¿qué ha sido lo más satisfactorio de estos años? 

Volver a recuperar la ilusión perdida.

“Sería una barbaridad que yo dijera que una banda de cornetas y tambores pura puede hacer mejor música armónicamente hablando que cualquiera dotada de una plantilla completa de viento metal, pero no podemos dar la espalda a nuestros orígenes”

-¿Qué retos tiene por delante la banda? 

Más que retos son objetivos y el principal es hacer disfrutar a las personas que han confiado en nuestra música.

-¿Te queda algún sueño por cumplir? 

Sí, pero esa es otra historia.