En la parte de atrás de la casa de hermandad hay trasiego. En el lateral, los músicos de Coronación aguardan. En la esquina, un grupo de costaleros se está fajando y, justo en la diagonal, otro con la ropa bajo el brazo. En la pequeña puerta no paran las entradas y salidas, y quien repite. Es difícil aventurar ¿salen? ¿no salen?

Alguien me susurra que se ha ordenado formar al cortejo. Se abren las puertas y retumba el aplauso. Nos damos un beso y un abrazo, como durante tantos años, y aún con la emoción en los huesos el Señor que esculpió Buiza atraviesa el umbral de su barrio.

El caminar elegante, sin concesiones, es el sello de la cofradía, que hoy tendrá que andar algo más rápido (saben del asunto) por si el pronóstico se cumple. Y, en esos pensamientos, ella regresa a la ciudad. No recuerdo ya los años que son, la cuenta de verla salir, hasta a escondidas, pero el escalofrío siempre regresa. La Merced comienza a recorrer Córdoba, con su hilera de nazarenos perfecta, surcando firmes el sendero de la incertidumbre meteorológica.

En la Huerta de la Reina suena Estrella para que el Señor de la Redención se despida de su madre. “Luego todo lo demás”. La hermandad tiene a los capataces que tiene que tener, a dos de los mejores de Córdoba y de su cofradía. Carlos Lara viene de vuelta y esto es una virtud, porque sin tener que demostrar nada, en su mando se ve a las claras que está muy por encima de la media. Y los aplausos al trabajo de la cuadrilla son una muestra más.

Luego sale ella, la Virgen de la Estrella, con Rafa Giraldo al frente. Aún cuesta entender que lo apartaran de una Virgen con la que la relación es simbiótica y admirable en cada chicotá.
La tarde entra en modo complicación, cuando la Sentencia anuncia, poco antes de las seis y media, que no sale. En ese momento, cerca de San Nicolás, el misterio de Redención se marca una chicotá de categoría, marca de la casa que regenta Carlos Lara.

El pensamiento se va a la cofradía de San Nicolas. A la estación de penitencia de 2024 cuando salieron y sortearon la lluvia como nadie. Pero la tarde empeora y el pronóstico manda.
Como también lo hace en San Loreznzo, donde la Hermandad del Remedio de Ánimas decide suspender y no realizar estación de penitencia en la Catedral por segundo año consecutivo. La cofradía estrenaba detalles tan significativos como la candelería de la Virgen de las Tristezas.

Con la jornada peligrando seriamente, la decisión del Cecop de tener parada, por llegar diez minutos antes, a la cruz de guía de la Merced resulta de todo menos comprensible. Pero no hay problema, el cortejo se comprime y demuestra a los expertos que saben de esto mucho más que ellos.
Sin remisión llega la suspensión del Vía Crucis y todo apunta a que las previsiones no son halagüeñas. Una lluvia fina aparece a las 21:15. Dura cinco minutos con Merced y Estrella en la Catedral. Vuelve y para y Merced y Estrella suspenden en el templo mayor. Todo está consumado, un Lunes Santo a medias.



































































































