”Se hizo desde un prisma de rapidez y oscurantismo que dio lugar a una alteración de los rasgos”
El reciente proceso de restauración acometido sobre la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena ha despertado una profunda preocupación en sectores especializados del mundo académico, artístico y devocional. Uno de los análisis más rotundos ha sido el formulado por el historiador y profesor de Historia del Arte Manuel Jesús Roldán, quien ha calificado la actuación como una “negligencia muy grande”, en tanto que se trata de “una obra de arte y una devoción muy importante”, según expresó en el programa La Brújula, de Onda Cero.
Una obra del Barroco sevillano de resonancia internacional
En su intervención, Roldán contextualizó con rigor la naturaleza de la imagen mariana, recalcando que su valor trasciende el ámbito estrictamente religioso: “Estamos hablando de una obra de arte del barroco, de la segunda mitad del siglo XVII, de un taller importante que es el taller de Roldán, coetáneo de Murillo”. La Virgen de la Macarena, explicó el experto, se inserta en el universo de la imaginería andaluza como una creación singular: se trata de una mascarilla policromada, con manos articuladas y un cuerpo concebido para el uso de vestiduras rituales, según la tradición sevillana. Su prestigio, además, se ha proyectado globalmente con réplicas y cultos en puntos tan dispares como Miami o Filipinas, lo que eleva su condición a ícono del arte devocional hispánico.
Críticas a una restauración opaca y apresurada
Roldán no dudó en subrayar el carácter deficiente de la actuación reciente sobre la talla, tildándola de “negligencia importante”, aunque aclaró que los cambios introducidos son reversibles si se acomete un nuevo tratamiento con garantías científicas. En palabras del profesor, “se hizo desde un prisma de rapidez y oscurantismo que dio lugar a una alteración de los rasgos”, aludiendo a la modificación visible de elementos esenciales del rostro de la Virgen, como la disposición de las pestañas o la expresión facial, cuestiones que han generado gran desconcierto entre los fieles y el mundo artístico.
Asimismo, lamentó que la restauración se haya llevado a cabo sin un proceso de comunicación adecuado por parte de la Hermandad de la Macarena, lo cual ha amplificado el descontento y la desconfianza: “La falta de comunicación de la hermandad ha agravado la crisis”, afirmó con claridad.
El patrimonio sacro, entre la fe y la ciencia
Para el historiador, uno de los principales errores radica en haber desatendido la doble dimensión que sostiene la imagen: el valor patrimonial y la función espiritual. “En Andalucía hay una cercanía visual que dura todo el año, lo que hace que las imágenes mantengan esa función para la que fueron creadas: acercar al pueblo a la figura de Dios”, recordó Roldán, insistiendo en que cualquier intervención debe estar guiada por el máximo escrúpulo técnico y una comprensión profunda del sentido religioso de las obras.
El catedrático lamentó que, en esta ocasión, no se haya seguido la línea de trabajo rigurosa que el campo de la restauración ha desarrollado en las últimas décadas, caracterizada por la separación metodológica entre lo técnico y lo devocional, así como por el respeto a la originalidad de la imagen y su dimensión cultual.
Reversibilidad y vigilancia institucional
Pese a la gravedad de la situación, Roldán manifestó su esperanza en que se pueda revertir lo sucedido mediante un nuevo proceso de intervención debidamente planificado. “Cuando se haga un informe en condiciones y una restauración rigurosa, se recuperará perfectamente”, sentenció. No obstante, advirtió que este proceso solo podrá realizarse con garantías si se cuenta con la tutela de organismos cualificados: “Es fundamental que el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico supervise las futuras actuaciones”.
En definitiva, el análisis del profesor Manuel Jesús Roldán no solo representa una crítica a una intervención concreta, sino también una llamada de atención sobre la gestión del patrimonio sacro, en un contexto donde el fervor popular y la sensibilidad estética deben conjugarse con el rigor académico y la transparencia institucional.





