La Magdalena del Santo Ángel, en veneración con motivo de su onomástica, se presenta en actitud penitencial y portando un Crucificado

La talla, obra de Javier Roán, aparece revestida de simbolismo en una disposición que remite al momento de su conversión

Con motivo de la celebración de su onomástica, la imagen de María Magdalena que se venera en el Convento del Santo Ángel Custodio se encuentra expuesta en devota veneración, representando plásticamente el instante decisivo de su conversión. En esta disposición, la santa aparece portando entre sus brazos una imagen de Cristo crucificado, perteneciente a la escuela genovesa del siglo XVIII, que forma parte de los fondos artísticos del Museo del Santo Ángel.

Para esta ocasión, la escultura de la Magdalena ha sido revestida con una túnica morada, color litúrgico que evoca la penitencia, mientras que sobre sus hombros descansa un manto dorado, tonalidad que, en esta iconografía, simboliza precisamente su transformación interior y su entrega definitiva a Cristo.

La imagen, de tamaño natural, ha sido tallada en madera por el escultor Javier Roán, concebida expresamente para acompañar a las imágenes titulares en los altares de culto que se erigen en el altar mayor en honor al Cristo de los Desamparados. La obra ha sido diseñada con especial versatilidad, incluyendo dos candeleros y un doble juego de manos, lo que permite su colocación a los pies del Crucificado con las manos entrelazadas, o bien, como en esta ocasión, con los brazos extendidos, portando un pañuelo y un pomo de plata que representa los ungüentos, pieza también datada en el siglo XVIII.

La escenografía sacra desplegada estos días en el Santo Ángel invita a la contemplación silenciosa, articulando un discurso catequético donde cada elemento, desde los pliegues del paño hasta la mirada doliente de la Magdalena, transmite el testimonio de una mujer reconciliada con Dios a través del amor y el perdón.