La chicotá de Nandel | La flotilla cofrade

Con los nervios del que está en capilla, pues toca de nuevo ponerse el costal, uno se acerca hoy al que nos lee con una sensación extraña. El título del artículo, podría perfectamente referirse a que dos de los barcos más impresionantes y de más calado en la ciudad, se quedan atracados en puerto. En el San Andrés más marinero, con permiso del Señor del Buen Suceso, y como no, en Capuchinos. Pero no. No se vayan a esa lectura fácil o rebuscada, ya cada uno para lo que lo quisiera utilizar.

Vivimos un tiempo de fantochismo popular, donde hacer algo con terceras y cuartas intenciones está a la orden del día, no iban a ser menos las hermandades. Podría comandar nuestra expedición alguien, que como en muchos de los comicios electorales ocurre, puede ir de capitán de barco, pero no, no porque él no se haya o lo hayan así proclamado y nombrado, sino, porque todos sabemos que es mera figura decorativa y el segundo de a bordo será quien conducirá la barquilla para hacer y deshacer. Además, más bien que una gorra de capitán de barco, debería llevar un gavroche, que tiene así un aire más de montera.

Tenemos a ese tripulante que cada vez que zarpa una flotilla, ahí que va. No lleva nada más que lo imprescindible para él, para su uso y disfrute. No va a participar en nada más que lo que le haga tener que ponerse en la foto, o si no hay foto, haya una recompensa lo suficientemente suculenta para él, organizar algo en que no tenga que moverse mucho, ganar algún contactillo, y poder en un futuro usarlo en su beneficio, y es que en la flotilla de la Agrupación, tenemos hasta quienes quieren que ahora los costaleros ensayen entre semana. Los fines de semana son prohibitivos por lo visto, pueden contar lo que se quiera, pero al igual que en Sevilla, ya mismo nos veo en polígonos industriales, alejados de la civilización, sin molestar a nadie, pues somos una molestia de dos meses al año totalmente prescindible, menos cuando tengamos que pagar el pato de las malas decisiones de quien desde un sillón hace y deshace.

Tenemos un barco, que no barquilla, pues semejante obra merece ser así llamada, y es de envergadura la tripulación, aunque a su capitán le costara el puesto al presentar su dimisión por la insubordinación de los mismos que ahora le harán el nido al nuevo capitán, y en futuros años la cama, como al antiguo capitán. Su disfrute el día de travesía en Semana Santa es incuestionable y no negociable, manda el marinero, aunque haya capitán.

Me da pena de ver zarpar a una flota en concreto, tan venerada por la Córdoba Cofrade, como venida a menos en la cofradía del puerto. Marineros enfrentados, un puerto propio, pero con pinta cada vez de ser más una cochera alta que una cofradía donde haya amor fraterno, pero poco amor fraterno se puede ver, donde se comercia con el voto del marinero para favorecer a una flota, mientras que a la de María, la hemos vuelto secundaria, cuando era quién llevaba el timón, el nombre, el emblema en las calles. 

A todos los de la flotilla que comanda la ciudad, esos que tanto han organizado y mirado y remirado travesías y posibles marejadas y oleaje de personas, suerte. En sus manos estamos. Esperemos no ver imágenes de las que avergonzarnos el domingo.

Juntos navegaremos, no como hermanos, pues eso es pura fachada, pero al menos en formación de hilera, hacía un puerto bello, único, que quieren arrebatarnos los de las asociaciones de imbéciles paniaguados, el tonto de la pajarita, y los partidos políticos que quieren también dejar morir nuestra catedral y sufragarse sus chicas y sus viajes a Venezuela con el turismo que venga a aportar cuatro perras, que cuatro perras, dan para muchas perras, y sus pulseras, y sus collares.

Vamos de nuevo, no juntos pero si en hilera, demostrando una fe de la que algunos se aprovechan, otros no saben ni lo que es, y de los primeros se aprovecharán los segundos, sean de la barquilla que fuera, pero todos en hilera, en una verdadera, se sea o no, flotilla Cofrade.