Suspira el querubín por esos acontecimientos donde se empieza por calentar motores y acaban mojándose más que una cofradía de Lunes Santo. Eventos venidos a menos año tras año, donde los que quedan son capaces hasta de darle vivas a un banderín y ya mismo a los miembros de una junta que tiene un atasco palaciego.
Susurra el serafín por esos precandidatos que van ofreciendo cositas en conversaciones de barra de bar, que es donde se reparten los cargos de verdad y donde se ganan elecciones a base del voto prometido y cautivo de los favores ofrecidos.
Y para que el precandidato se corone promete más que Adolfo Suárez y por poder prometer promete uno de los martillos y no se sabe si más salidas extraordinarias de aquellas con que las que su propia hermandad se autoridiculizó en el pasado que tanto echa de menos el precandidato.





