Hay decisiones que no nacen del consenso, ni del bien común, ni siquiera de un criterio artístico o patrimonial claro. Hay decisiones que huelen a susurro de pasillo, a presión de unos pocos, a ese runrún constante que termina convirtiéndose, inexplicablemente, en verdad oficial. Y lo preocupante no es solo la decisión en sí, sino el precedente que deja.
Porque cuando una hermandad —la que sea— empieza a gobernarse desde el ruido de minorías insistentes, deja de ser lo que es: una comunidad. Pasa a convertirse en un tablero donde siempre juegan los mismos, donde curiosamente los nombres, las influencias y los intereses se repiten una y otra vez. Qué casualidad. O quizá no.
Se nos llena la boca hablando de tradición, de identidad, de cuidar lo nuestro… hasta que lo nuestro deja de encajar en los planes de unos cuantos. Entonces ya no importa tanto la trayectoria, ni el trabajo bien hecho, ni la conexión con el pueblo. Importa otra cosa. Algo menos noble. Algo que rara vez se dice en voz alta, pero que todos terminan entendiendo.
Y en medio de todo esto, el cofrade de a pie —el que no está en corrillos, el que no mueve hilos— asiste perplejo. Porque no entiende cómo se toman ciertas decisiones. Porque siente que no se le ha preguntado, que no se le ha tenido en cuenta. Porque percibe, una vez más, que hay dinámicas que se repiten, escenarios que cambian de nombre pero no de protagonistas.
Lo más triste es que no es la primera vez. Y cuando algo deja de ser excepcional para convertirse en costumbre, el problema ya no es puntual: es estructural. Nos acostumbramos a que las cosas funcionen así, a que el criterio real sea otro distinto al que se defiende públicamente. Y eso, a la larga, erosiona. Desgasta. Aleja.
Quizá ha llegado el momento de preguntarnos qué modelo de hermandad queremos. Si uno donde prime la coherencia, el respeto y la transparencia… o uno donde el rumbo lo marquen siempre los mismos vientos, vengan de donde vengan.
Porque las hermandades no son de unos pocos. Nunca lo fueron. Y cuando lo parecen, algo se está haciendo mal.





