Galería | Alcosa se arrodilla en la ternura infinita de los ojos de sus Desamparados

El Parque Alcosa vuelve a detener el pulso de sus días ante la mirada serena de Nuestra Señora de los Desamparados. Durante este fin de semana, cientos de devotos atraviesan el dintel de su templo buscando ese instante íntimo y silencioso en el que el alma parece quedarse suspendida frente a la Madre de Dios, cara a cara, pupila con pupila, oración con oración. Allí, ante sus lágrimas detenidas en el tiempo, desfilan las vidas sencillas del barrio: las súplicas calladas, los agradecimientos imposibles de pronunciar, las promesas escondidas y las esperanzas que solo encuentran refugio en el regazo de María.

La magnífica galería realizada por nuestro compañero Benito Álvarez captura precisamente esa verdad invisible que solo ocurre en los besamanos: el momento en el que cada devoto parece encontrarse a solas con la Virgen aun estando rodeado de una multitud. Las imágenes retratan el temblor de unas manos entrelazadas, las miradas humedecidas, el silencio reverencial de quienes se acercan lentamente hasta el altar buscando reflejarse en los ojos de la Señora de los Desamparados, espejo espiritual de todo un barrio que ha crecido bajo su amparo maternal desde prácticamente sus orígenes.

La dolorosa, una talla de candelero de tamaño natural realizada por Ricardo Comas Fagundo, doctor en Bellas Artes y profesor titular de la Facultad de Bellas Artes de Universidad de Sevilla, fue concluida en 1974 por encargo del entonces hermano mayor, Luis Comas Fagundo, hermano del propio autor. La imagen recibiría la bendición el 12 de enero de 1975 de manos de Monseñor Montero Moreno, convirtiéndose desde entonces en presencia inseparable de la vida cotidiana de Alcosa, testigo silencioso de generaciones enteras que han aprendido a rezar contemplando su rostro doloroso y sereno.

El torso y el candelero fueron ejecutados en madera de pino de Flandes, mientras que la mascarilla y las manos fueron talladas en ciprés. El escultor renunció a cobrar cantidad alguna por la hechura de la imagen, asumiendo la hermandad únicamente el coste de los materiales, que ascendió a 56.000 pesetas. Restaurada en varias ocasiones por el propio autor, la última intervención realizada sobre la dolorosa tuvo lugar en 2006 a cargo del escultor José Pulgar, preservando intacta la expresión conmovedora de una Virgen que sigue despertando la devoción más sincera de su gente.

Cada mes de mayo, Nuestra Señora de los Desamparados vuelve a recorrer las calles del barrio al pie de la Santa Cruz, proclamando con su presencia el misterio del dolor y de la esperanza. Porque, aunque las lágrimas broten eternamente de sus ojos, María permanece erguida junto al madero como primer Sagrario y Madre de Cristo, fiel testigo de la Gloria del Señor y de la voluntad divina. Y quizá por eso, este fin de semana, tantos vecinos buscan consuelo precisamente en sus pupilas: porque en ellas continúa latiendo el alma entera de Alcosa, la memoria de sus familias y la fe sencilla de quienes siguen encontrando en la Virgen el refugio donde descansar el corazón.