En la política nacional se habla de subvenciones y favores; en las hermandades se habla de puestos en la cofradía y hermandad. Un candidato a hermano mayor no promete bajadas de impuestos pero sí de cuotas, promete varas, maniguetas, puestos de confianza en la junta o privilegios durante el día de la salida procesional. Se forman coaliciones con los sectores más potentes (el mundo del costal, de las bandas o un grupo de familias históricas) para asegurar bloques de votos cerrados a cambio de mantener su estatus o concederles autonomía total. Si en unas elecciones generales se trabaja el voto por correo, una junta saliente puede ser muy rigurosa con el censo para dejar fuera a hermanos críticos que deben dos meses de cuota, mientras «facilita» la regularización de sus afines.
Ese grupo de hermanos que no pisan la casa de hermandad en todo el año, pero que aparecen el día del Cabildo tras una llamada telefónica insistente. Es la versión cofrade de los autobuses de votantes en los mítines de partido.
Al igual que los barones regionales en los partidos políticos, en las hermandades existen las familias de peso.
• No se vota un programa, se vota a un apellido o a una trayectoria. Hay clanes que consideran la vara dorada como una herencia legítima. La política aquí no es de ideas, es de linajes. Romper eso se castiga con el ostracismo social dentro de la propia institución.
La política de hermandad puede ser mucho más feroz que la municipal o nacional porque el escenario es más pequeño y personal.
• La infamia de sacristía: En lugar de debates televisados, hay rumores en los bares de alrededor de la parroquia. Se ataca la moralidad personal, la vida familiar o el pasado del candidato rival.
• Fake News: Los grupos de WhatsApp han sustituido a los pasquines. La desinformación sobre la supuesta intención de cambiar al capataz o cambiar de bandas se utiliza para sembrar el pánico en el electorado más tradicionalista.
Existe un tipo de hermano que hace de la gestión cofrade su forma de vida y de validación social.
• El «Carguitis«: Personas que saltan de junta en junta (incluso en distintas hermandades) buscando la visibilidad que no tienen en su vida profesional o privada. Los Cabildos de Elecciones son, a menudo, un ejercicio de vanidad disfrazado de servicio. La hermandad se convierte en un microcosmos del Estado donde el objetivo no es la gloria de los Titulares, sino el control del presupuesto, la estética de la calle y, sobre todo, el orgullo de mandar.
Es lógico que esto suceda dentro de entidades religiosas y cristianas? En qué se ha convertido esto? Hemos perdido el sentido real de todo?
Qué pena !! Pasen una buena semana.





