La Iglesia de Córdoba llora la pérdida de Juan Moreno Gutiérrez, sacerdote que ha fallecido en la madrugada de este domingo en la capital cordobesa a los 94 años de edad, poniendo fin a una extensa trayectoria marcada por el servicio pastoral, la docencia, la responsabilidad institucional y una constante dedicación a la formación de generaciones de sacerdotes. La capilla ardiente será instalada en la parroquia de La Compañía, donde familiares, fieles, compañeros del presbiterio y miembros de la comunidad diocesana podrán despedirse de quien ha sido una de las personalidades más influyentes de la Iglesia cordobesa contemporánea.
A lo largo de su vida, Juan Moreno desempeñó numerosas responsabilidades dentro de la diócesis, dejando una profunda huella tanto en el ámbito académico como en el pastoral. Su labor estuvo especialmente vinculada al acompañamiento de sacerdotes y seminaristas, una misión que desarrolló durante décadas y que lo convirtió en una figura de referencia para distintas generaciones del clero cordobés.
Una vocación sacerdotal iniciada en Los Pedroches
Nacido en Villanueva de Córdoba el 7 de enero de 1932, Juan Moreno recibió la ordenación sacerdotal el 26 de junio de 1955 de manos del entonces obispo de Córdoba, Albino González. Apenas concluida su formación eclesiástica, fue enviado a Madrid para ampliar estudios en el Instituto Social León XIII, donde permaneció durante cuatro años cursando Ciencias Sociales.
Durante su estancia en la capital española tuvo ocasión de entrar en contacto con destacadas figuras de la Iglesia española. En una entrevista concedida a Diario Córdoba en junio de 2007 recordaba que había conocido al cardenal Ángel Herrera Oria, al cardenal Vicente Enrique y Tarancón y a diversos obispos, relaciones que enriquecieron notablemente su formación intelectual y eclesial.
Tras regresar a Córdoba, siendo obispo Manuel Fernández-Conde, fue destinado al Seminario de Hornachuelos. Allí permaneció varios meses desarrollando una tesis titulada “El desarrollo económico del sur de Italia”, un trabajo encargado por Ángel Herrera Oria con el propósito de analizar los efectos de la reforma agraria italiana y estudiar posibles aplicaciones a los programas políticos que comenzaban a plantearse en Andalucía.
Docencia y ministerio pastoral al servicio de la diócesis
Su primer destino pastoral dentro de la diócesis fue la parroquia de San Alberto Magno, donde ejerció como coadjutor durante cinco años. Paralelamente inició una intensa actividad docente en el Seminario Mayor San Pelagio, impartiendo asignaturas como Sociología y Ética, además de otras materias que asumió tras la salida de los jesuitas del centro.
Aquella etapa consolidó una vocación educativa que marcaría gran parte de su ministerio. Al mismo tiempo, la Compañía de Jesús le encomendó labores docentes en ETEA, ampliando así su presencia en el ámbito formativo. Posteriormente fue nombrado párroco de Santa María de Trassierra, responsabilidad que ejerció durante 27 años, convirtiéndose en una de las etapas más prolongadas de su trayectoria pastoral.
Secretario de los Obispos del Sur y protagonista de la vida diocesana
El 1 de mayo de 1970, coincidiendo con la primera reunión celebrada en Melilla de la asamblea de obispos andaluces —origen de lo que actualmente se conoce como Obispos del Sur—, Juan Moreno recibió el encargo de ejercer como secretario de este organismo. Desempeñó dicha responsabilidad durante catorce años, participando de manera directa en una etapa relevante para la coordinación pastoral de las diócesis andaluzas.
Dos años después, en 1972, el obispo José María Cirarda lo designó secretario general del Obispo, cargo al que se sumó en 1978 su nombramiento como canónigo de la Santa Iglesia Catedral.
Su vinculación con el principal templo de la diócesis fue especialmente intensa. Llegó a ocupar la dignidad de canónigo arcediano, condición que lo incorporó automáticamente al patronato fundacional del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba (Cajasur) y a su consejo de administración, participando así en una de las instituciones más relevantes de la provincia.
Presidencia de Cajasur y del Cabildo Catedral
En el año 2005, tras la jubilación de Miguel Castillejo, asumió la presidencia de Cajasur. Aquel mismo periodo estuvo marcado también por su elección como primer presidente del Cabildo Catedral, una responsabilidad que aceptó, según manifestó entonces, con el honor que suponía encabezar la institución más antigua de Córdoba.
Previamente, en 2002, el obispo Javier Martínez le había confiado la parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos, comunidad de la que posteriormente sería párroco emérito.
Al alcanzar los 75 años, a comienzos de 2007, presentó su renuncia al obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, cumpliendo así con lo establecido por el Derecho Canónico para los sacerdotes que alcanzan esa edad.
Una vida dedicada a la formación sacerdotal
La trayectoria de Juan Moreno queda definida por una existencia consagrada íntegramente al ministerio sacerdotal y a la formación de futuros presbíteros. Durante más de cuarenta años desarrolló su labor como profesor del Seminario, contribuyendo de manera decisiva a la preparación humana, intelectual y espiritual de numerosos sacerdotes de la diócesis.
Su figura estuvo igualmente caracterizada por una constante fidelidad al Magisterio de la Iglesia y por una reconocida disponibilidad para asumir las responsabilidades que le fueron encomendadas a lo largo de las décadas.
Como reconocimiento a esa dedicación, la Santa Sede le concedió en 1995 el título de Prelado de Honor de Su Santidad, una distinción que vino a subrayar una trayectoria marcada por el servicio, la docencia y el compromiso con la Iglesia.
Con su fallecimiento desaparece una de las figuras que mejor han conocido y protagonizado la historia reciente de la diócesis cordobesa, testigo privilegiado de numerosas transformaciones eclesiales y referente para varias generaciones de sacerdotes formados bajo su magisterio.
Una vinculación decisiva con la Hermandad del Santo Sepulcro
La relación de Juan Moreno con la Hermandad del Santo Sepulcro dejó una profunda huella en la vida de la corporación durante los años en los que estuvo al frente de la parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos. Desde su llegada en 2002, acompañó de manera constante la actividad diaria de la hermandad, participando en sus cabildos, respaldando sus cultos y salidas procesionales y prestando un apoyo decisivo a numerosos proyectos que marcaron una etapa de crecimiento patrimonial y espiritual. Entre sus aportaciones más destacadas se encuentra la bendición del retablo de Nuestra Señora del Desconsuelo en su Soledad en diciembre de ese mismo año, así como su respaldo a iniciativas tan significativas como las salidas extraordinarias de la Inmaculada Concepción en 2004 y la instalación del retablo cerámico conmemorativo en la antigua sacristía de la calle Duque de Hornachuelos.
Su implicación resultó igualmente determinante en la recuperación, en 2006, del tradicional ceremonial del Descendimiento, coincidiendo con la decimotercera estación del Viacrucis del Domingo de Pasión, además de contribuir activamente a la consecución de recursos y apoyos para hacer posible el nuevo paso de Nuestro Señor Yacente en el Sepulcro, estrenado en la Semana Santa de 2007. Como reconocimiento a una dedicación que la hermandad consideró ejemplar, el 25 de febrero de aquel año recibió la Medalla de Oro de la corporación, una distinción aprobada por unanimidad por el cabildo general en agradecimiento a su permanente cercanía, disponibilidad y atención pastoral hacia los hermanos, así como por su contribución al fortalecimiento de la vida espiritual de la cofradía.
Foto: Diócesis de Córdoba




