La Hermandad de las Lágrimas del Figueroa ratifica a su capataz y a su vestidor

La Junta de Gobierno de la Hermandad de las Lágrimas del Figueroa, reunida en cabildo de oficiales, ha acordado la continuidad de diversas responsabilidades vinculadas a la organización interna de la corporación, en una sesión en la que se han abordado los principales cometidos relacionados con sus Sagrados Titulares, dentro de un marco de gestión orientado a la estabilidad de su estructura.

En el transcurso del encuentro, la corporación ha determinado la ratificación de las funciones vinculadas a la dirección del paso del Santísimo Cristo de las Lágrimas, así como la continuidad en las labores de cuidado y presentación de la imagen de María Santísima de las Penas, reforzando así la estabilidad organizativa, la coherencia interna y el funcionamiento ordinario de la hermandad.

José Peña Somoza continúa como capataz del Santísimo Cristo de las Lágrimas

En el ámbito de la cuadrilla de costaleros del Santísimo Cristo de las Lágrimas, la Junta de Gobierno ha decidido ratificar a José Peña Somoza en el desempeño del cargo de capataz, consolidando su continuidad al frente de la dirección de la cuadrilla que tiene el privilegio de llevar sobre sus hombros al Santísimo Cristo de las Lágrimas la tarde del Sábado de Pasión.

Esta decisión implica la permanencia en las tareas de coordinación y organización de la cuadrilla costalera del crucificado de vísperas, manteniéndose la confianza depositada en su labor dentro de la estructura interna de la hermandad y en la gestión del conjunto humano que conforma el cuerpo de costaleros, pieza esencial del engranaje procesional.

Antonio Villar seguirá como vestidor de María Santísima de las Penas

Asimismo, la Junta de Gobierno ha acordado mantener la confianza en Antonio de Padua Villar Moreno en su función de vestidor de la Amantísima Titular, María Santísima de las Penas, garantizando la continuidad en las labores de disposición, ornamentación, cuidado estético y realce de la imagen mariana.

Con esta determinación se preserva la línea estética, devocional y de presentación que ha venido caracterizando a la Dolorosa, consolidando la estabilidad de una de las funciones de mayor sensibilidad dentro del patrimonio artístico, simbólico y devocional de la corporación, así como la coherencia visual del conjunto iconográfico de la hermandad.