A paso mudá | Septiembre, el comienzo de una nueva ilusión

Septiembre tiene algo especial para quienes vivimos las cofradías. Durante unas semanas hemos tenido la sensación de que todo se había detenido, de que la Semana Santa quedaba demasiado lejos y de que las hermandades podían permitirse el lujo de guardar silencio. Pero llega septiembre y, casi sin darnos cuenta, todo vuelve a ponerse en marcha.

Regresan los ensayos, comienzan a prepararse los cultos, se retoman proyectos que quedaron aparcados durante el verano y vuelven esas conversaciones que, aunque parezcan lejanas, terminan conduciéndonos inevitablemente hacia una nueva Semana Santa. Todavía faltan meses, pero ya empezamos a sentirla.

Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de las cofradías: la capacidad de volver a ilusionarnos.

Porque cada septiembre es una oportunidad para empezar de nuevo. Para una banda que afronta una nueva temporada, para un costalero que vuelve a ponerse las zapatillas, para una hermandad que estrena proyecto o para ese cofrade que, después de unos meses de distancia, vuelve a entrar en una iglesia y siente que, de alguna manera, todo sigue exactamente donde lo dejó.

También es tiempo de hacer balance. De mirar atrás y reconocer los errores, pero también de valorar todo aquello que salió bien. De entender que una nueva temporada no consiste únicamente en repetir lo que hicimos el año anterior, sino en intentar hacerlo un poco mejor.

Quizá por eso septiembre tenga algo de comienzo y algo de promesa. Todavía no hay incienso en las calles ni cera derramada sobre el pavimento. No suenan marchas detrás de un paso ni se llenan las iglesias de nazarenos. Pero ya existe lo más importante: la ilusión de que todo eso volverá.

Y volverá de una manera u otra.

Volverán las igualás, los ensayos interminables, los nervios antes de un concierto, las noches de montaje, las reuniones, los cultos, las discusiones sobre repertorios y hasta esos rumores que cada año juramos que no vamos a escuchar.

Volverá todo.

Pero antes de que llegue, tenemos algo que quizá durante la Semana Santa olvidamos disfrutar: la espera.

Porque también hay belleza en imaginar lo que está por venir.

Septiembre nos recuerda que la Semana Santa no empieza cuando suena el primer golpe de martillo. Empieza mucho antes, cuando alguien vuelve a abrir un estuche, cuando una cuadrilla se reúne, cuando una hermandad pone en marcha un nuevo proyecto o cuando un cofrade comienza a contar los días sin necesidad de mirar el calendario.

Por eso, bienvenido septiembre.

Que empiece otra vez el ruido, el trabajo, los ensayos y los sueños.

Que empiece, una vez más, esa maravillosa cuenta atrás.

Porque quizá la Semana Santa sea también eso: la capacidad de terminar una y, apenas unos meses después, volver a ilusionarnos con la siguiente.