La tarde cordobesa adquirió en Capuchinos una tonalidad distinta cuando la Divina Pastora se hizo dueña de la calle y comenzó a recorrer la ciudad. A las siete de la tarde, la venerada imagen abandonó la plaza de Capuchinos para protagonizar una procesión en la que la devoción encontró su expresión en la música, en el costal, en el patrimonio y en esa delicada manera de hacer las cosas que el Redil Eucarístico ha convertido en una de sus señas de identidad.
La salida se produjo desde la nave situada en la plaza de Capuchinos, dando comienzo a un recorrido que había tenido que experimentar modificaciones por motivos ajenos a la corporación. El cambio de trazado no alteró, sin embargo, la esencia de una jornada llamada a prolongar por las calles el espíritu que durante todo el año se respira en torno a la Madre del Buen Pastor.
La procesión tomó el Jardín de Fray Ricardo de Córdoba, Burell y Osario, hasta alcanzar la plaza de los Carrillos. Desde allí continuó por Ramírez de Arellano, plaza de San Miguel, San Álvaro y Cruz Conde, donde aguardaba uno de los episodios más significativos del recorrido: el Tramo Azul, organizado conjuntamente por el Redil Eucarístico de la Divina Pastora de Capuchinos y Autismo Córdoba.
Cruz Conde se convirtió así en un espacio de encuentro, participación y sensibilidad. El Tramo Azul incorporó al itinerario una dimensión que trascendía el mero discurrir procesional, haciendo de la calle un lugar compartido y dando visibilidad a una iniciativa concebida junto a Autismo Córdoba. También en estos gestos se reconoce el sentido de una procesión: la capacidad de reunir a personas distintas alrededor de una misma imagen y convertir su caminar en una experiencia común.
Después, la Pastora siguió por Cabrera, plaza de los Carrillos, Osario y Burell, antes de regresar al Jardín de Fray Ricardo de Córdoba. La procesión iba dibujando una geografía sentimental alrededor de Capuchinos, atravesando lugares que durante unas horas dejaron de pertenecer exclusivamente a la ciudad cotidiana para convertirse en escenarios de una devoción que sabe conjugar solemnidad y alegría.
La tarde avanzaba y la imagen encontraba a su paso esa expectación que provocan determinadas presencias. Capuchinos parecía reconocer a su Pastora, como si sus calles hubieran sido dispuestas para recibirla y acompañarla. Córdoba contemplaba, mientras tanto, el tránsito de una procesión en la que nada parecía colocado al azar.
El regreso al itinerario más habitual condujo a la Divina Pastora por Conde de Torres Cabrera, Ramírez de las Casas Deza, Cardenal Toledo, Arquitecto José Rebollo Dicenta y Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, hasta desembocar nuevamente en la plaza de Capuchinos. Allí esperaba el final del recorrido, pero antes quedaba por recorrer una última página de esa narración que durante horas había ido escribiéndose sobre Córdoba.
Al frente de la cuadrilla estuvo David Arce, cuya concepción del costal se sustenta en el cuidado de cada movimiento y en la búsqueda de una armonía que no necesita exhibirse para resultar evidente. Bajo su dirección, la cuadrilla avanzó con ese compás sereno que convierte el esfuerzo físico en una forma de expresión, haciendo que el paso de la Pastora adquiriese una cadencia propia.
Porque el buen trabajo rara vez necesita proclamas. Se reconoce en una levantá medida, en una revirá ejecutada con precisión, en el silencio que precede a una llamada y en la coordinación de quienes saben que cada uno forma parte de un conjunto. David Arce imprimió esa filosofía a una cuadrilla que encontró en el recorrido el espacio perfecto para expresarla.
La música aportó otra de las grandes dimensiones de la jornada. La Banda de Música María Santísima de la Esperanza de Córdoba acompañó a la Divina Pastora durante su recorrido, envolviendo el caminar de la imagen con unos sones que contribuyeron a construir una atmósfera en la que la emoción se fue deslizando entre las calles con naturalidad.
Pero la jornada había comenzado a contarse también desde el patrimonio. La Divina Pastora estrenó para esta ocasión un fajín de inspiración hebrea confeccionado con antiguos textiles litúrgicos, una pieza donada por Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez y cuya elaboración correspondió al cofrade José Rincón.
La pieza reúne franjas de distintas dimensiones y colores confeccionadas a partir de terciopelos, damascos y brocados procedentes de corporales de altar de los siglos XVIII y XIX. A ellos se suman galones, agremanes y estrellas bordadas, algunos procedentes igualmente de antiguos ornamentos litúrgicos, además de un fleco de seda de distintas tonalidades cuya antigüedad se sitúa a finales del siglo XIX.
El resultado es mucho más que una incorporación al ajuar. Es la continuidad de una memoria material, la recuperación de tejidos y ornamentos históricos que encuentran ahora una nueva función al servicio de la Divina Pastora. El pasado litúrgico no queda así encerrado en el tiempo, sino que vuelve a formar parte de una devoción viva.
En ese gesto adquiere especial valor la donación realizada por Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez, a quien la corporación ha expresado su agradecimiento por su cercanía, generosidad y devoción hacia la Madre del Buen Pastor. José Rincón fue el encargado de convertir aquellos materiales en una pieza destinada a incorporarse al patrimonio textil de la imagen.
Mientras tanto, la calle seguía haciendo de las suyas: miradas que se cruzaban, fotografías que intentaban retener un instante, conversaciones interrumpidas por el paso de la Virgen y personas que, sencillamente, se quedaban contemplándola. La Pastora tenía esa capacidad de detener por un momento la prisa de Córdoba, de hacer que la ciudad mirase hacia un mismo punto y compartiera una emoción que no necesitaba explicación.
Y quizá ahí se encuentre una de las mayores virtudes de esta procesión. En que la alegría no se convierte nunca en estridencia. Es una alegría con gusto, una celebración que entiende que la elegancia también puede ser una forma de devoción y que el cuidado de los detalles constituye, en sí mismo, una manera de honrar a la imagen.
El Tramo Azul, la música, la cuadrilla de David Arce, el nuevo fajín y el recorrido por las calles del centro fueron componiendo una misma escena. Elementos diferentes que terminaron encontrando un punto común alrededor de la Pastora. Una procesión concebida desde la suma y no desde el exceso, desde la armonía y no desde la necesidad de llamar la atención.
Cuatro petaladas fueron jalonando el recorrido y elevando progresivamente la temperatura emocional de la tarde: Burell, Cardenal Toledo y Arquitecto José Rebollo Dicenta quedaron convertidos en escenarios de esos instantes en los que la calle se transforma en un altar efímero. Y fue precisamente en Cardenal Toledo donde la devoción alcanzó su cénit sublime, en un auténtico éxtasis colectivo ante la Divina Pastora, cuando la emoción pareció concentrarse alrededor de la imagen y el fervor adquirió una intensidad difícil de traducir en palabras.
La tarde fue avanzando sobre Córdoba mientras la Divina Pastora completaba su recorrido y regresaba a Capuchinos. Allí quedaba el recuerdo de una jornada en la que el Redil había vuelto a poner en la calle aquello que durante todo el año custodia entre los muros de su casa: una devoción sencilla en su esencia, pero extraordinariamente rica en sus formas.
Cuando la Divina Pastora quedó de nuevo en su templo, la ciudad recuperó lentamente su ritmo. Se fueron apagando los últimos compases y las calles comenzaron a desprenderse de la solemnidad que las había envuelto. Pero permaneció esa sensación que dejan las jornadas especialmente cuidadas, aquellas en las que la belleza parece haber sido concebida para que nadie tenga que explicarla.
La Pastora había caminado por Córdoba y había dejado detrás una estela de música, patrimonio, compromiso y devoción. Capuchinos volvía a guardar su tesoro, mientras quienes la habían acompañado regresaban con la memoria de una jornada en la que una Virgen convirtió el camino en oración y la ciudad en escenario de su alegría.

























































El capirote | La normativa que llega desde Jerez
La Divina Pastora de San Antonio, bajo un sombrero convertido en redil de corderos, protagoniza la portada de su boletín de 2026
Aprobada la Coronación Canónica de María Santísima de los Desamparados de Vélez-Málaga, que tendrá lugar en octubre de 2028
La crónica | Araceli vuelve a sembrar su semilla por las calles de Córdoba
Los artesanos | El refugio de las horas robadas
Entrevista | Alfonso M. Muñoz: «El franciscanismo no terminó en 1226, no terminó con el Tránsito de San Francisco: el franciscanismo está aquí»
Rafael Madrigal desmiente los rumores sobre su estado de salud y atribuye su ausencia de la hermandad a una infección viral
Francisco Villar González pronunciará el XXII Pregón del Costalero de Osuna el 7 de febrero de 2027
Coronación de Espinas acompañará al Cristo del Amor de Ciudad Real el Viernes Santo de 2027
El rincón de Costal Hero | Fran 52 – Sopeña 50
Nuestro Padre Jesús de la Paz regresa al culto tras culminar su proceso de restauración
María Santísima Nazarena regresa a las calles de Córdoba tras culminar su restauración
La Hermandad del Calvario encarga a Mercedes Castro el bordado de la bambalina trasera del palio del Mayor Dolor
La Hermandad de Padre Pío presenta un cartel de estética contemporánea para anunciar su Salida Extraordinaria del 11 de octubre
Nuestra Señora de los Dolores y Soledad procesionará por las calles de Lanjarón 




