La columna de Josema | Persiguiendo una luz…

Hace unos días, un amigo que comentó acerca de su experiencia como peregrino en Almería, concretamente, la considerada tercera peregrinación más importante de Andalucía, aquella que lleva a los peregrinos a los pies del Cristo de la Luz (Dalías). Sus palabras me hicieron reflexionar acerca de estos movimientos “migratorios” de carácter penitencial en comparación con aquellos que lo son “por necesidad”.

No quiero entrar en asuntos que no competen a esta columna (tema Ceuta, pateras, etc.…) sino quedarme en la NECESIDAD de LUZ en la vida del cristiano. Ciertamente me comentaba este amigo que las motivaciones de los peregrinos eran muy evidentes desde la “salida” -aunque no hay un sitio por determinar ya que vienen desde diferentes puntos de la provincia de Almería- una motivación devocional: la que lleva a miles de peregrinos a buscar la meta de la Parroquial de Dalías para postrarse ante el imponente Cristo de Castillo Lastrucci, para cumplir alguna promesa, pedirla, o dar las gracias.

Cientos de personas realizando el trayecto, abrupto, escarpado e incómodo por el asfalto, el calor y la orografía con los pies descalzos, seguramente con el alma encogida por problemas que solo ellos saben. Sus caras reflejan el sufrimiento, el dolor, pero también la esperanza, la necesidad de ayuda, el deseo de salud -económica, física o solo Dios sabe cuál- ello queda marcado al llegar al pueblo donde las largas colas de acceso al templo hacen de la entrada una auténtica odisea. ¿ante ello? Una Iglesia “sin horas” que acoge con los brazos abiertos a aquel que llega buscando consuelo en la cruz de un Cristo Muerto que, en su muerte, nos llena de vida.

Otra motivación: la tradición familiar. Aquella que lleva al peregrino a realizar el camino a Dalías por herencia familiar o por costumbre de casa. Nadie habla de fe -aunque la espiritualidad es tan diversa que quedaría resuelta con nombrar aquello de los “renglones torcidos de Dios”- ni siquiera saben por qué están allí, pero están, y muchos de ellos pasan por el presbiterio para ver a Cristo, que es Camino Verdad y Vida, también para aquellos que no pueden, saben o quieren verlo como tal.

La tercera vía es la deportiva: Quien lo toma como un acontecimiento competitivo, de preparación física, de esfuerzo y de motivación lejos de lo religioso. Pues bien, muchos de ellos, acaban también dentro de la Iglesia…

La conclusión de mi amigo es que Cristo llama a cada uno por su nombre, conoce a todos, por dentro y por fuera, y acaba “llamándolos” muchos de ellos sin que se den cuenta…buscan la LUZ y la LUZ sale a su encuentro… Gracias amigo por tu testimonio.