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El viejo costal, Opinión

A cara descubierta, qué sencillo…

He realizado salidas de contraguía y de listero en numerosos pasos de nuestra Semana Santa desde 1984 hasta la fecha, acumulando 35 años de experiencias, ya que salidas han sido muchas más, algunos años hasta cinco, la verdad no las he contado, ni pienso hacerlo.

Son muchas horas de ver la Semana Santa desde un especial ángulo, desde el desfile hacia la acera, mirando arriba y abajo, los más de mil obstáculos que inundan las calles, pero sobre todo viendo las caras de las personas que desde la acera reciben la popular catequesis de nuestros pasos sobre las calles.

He presenciado de todo, miradas anhelantes con lágrimas delatadoras de una oración arrojada desde esos ojos, desde el corazón, al mismo cielo, peticiones llenas de dolor y otras llenas de amor, con toda seguridad al catalizador reflejo de su imagen bendita, mediando aquí en la misma tierra. He adivinado más que visto, a religiosas detrás de las celosías de sus claustros, mirando desde el amparo de la clausura el discurrir de los pasos de misterio y de palio en su misma calle. He visto impedidos que con su sola presencia oran más que con su oración, a miles de personas normales y corrientes, todas iguales, desde mi punto de vista no puedo apreciar nada que señale sus diferencias sociales.

Incluso algunas veces, siempre desde las últimas filas, he visto alguna que otra mirada de odio, reflejo de una sociedad incongruente, desconocedora de la fe que a nosotros nos guía para realizar estas estaciones penitenciales, y que a nadie obligan.

He visto miradas de envidia, de compasión, de amor, de fraternidad, de súplica, de sumisión, de qué se yo cuantas cosas, tantas y tantas caras mirando hacia el paso, hacen que el mundo que te rodea sea el reflejo de esas caras, caras que reclaman con anhelo la serenidad de ver a su Cristo a su Virgen, a nuestro Cristo y a nuestra Virgen, pasar bendiciendo a cada paso las calles con el sudor derramado por una cuadrilla de sufridos costaleros. Letanía eterna repetida mil veces, miradas que afirman el divino poder, miradas que arrojan cada una un sentimiento en forma de pétalo, llegando a ocultar tu imagen a la vista de quien, como yo, solo te mira cuando la brega del paso se lo permite.

Mirad que sencillo es hacerlo a cara descubierta, sin cubre rostros, solo con la mirada, solo con esos ojos que salen de corazón, del corazón de nuestras creencias, de la sencillez de nuestra tradición, simple, puedes mirarme los ojos y decirme que es lo que tú ves, es tan fácil, así sin cubre rostros, de frente y a cara descubierta.

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