A contracorriente | Candidaturas a granel vs candidato a empujones

Ser hermano mayor no es lo que era y es mucho más de lo que era. Todo a un tiempo, la antítesis de nuestros días. 

En algunas cofradías (de fuera de Sevilla, principalmente) encontrar a alguien que se preste a poner la cara y sus esfuerzos es más difícil que casi cualquier capataz renuncie por sí mismo al martillo. 

Cosa distinta sucede cuando se prueban las mieles del poder. En ese monento, aunque accedieras a presentarte a regañadientes, todo cambia y ya te pasa como al capataz, al prioste y a al mayordomo, que no te echan ni con cargas de aceite hirviendo. 

En el otro extremo están algunas hermandades, a cuyos procesos electorales concurren tres candidaturas. Y entonces la sangre se huele del lejos, cual tiburón que lleva tres días de ayuno involuntario. 

En una de esas cofradías se intuye qué candidato va a vencer. Es como un presentimiento antiguo, solapado, de esos que te recorren con su escalofrío cuando pareciera que el aspirante ya se postulaba de antes y aprovechó la leña del árbol caído y saliente. 

En otra de las hermandades, uno de los candidatos dice que se sentó con otro para intentar unificar. No hubo suerte, pero ya el gesto de ambos de sentrse a hablar es para celebrarlo.