Aplicar los principios de la física a las cofradías es posible, aunque no plausible. No hay más que ver los pasos, cómo les pesan a algunos costaleros cuando vienen de vuelta y a los que están a su lado, no.
Aplicar los del fútbol es más mundano, cierto, pero más pragmático, pues se amoldan a la perfección. El presidente y la directiva está claro que son el hermano mayor y su junta de gobierno. El director de fútbol, el prioste. El secretario técnico el diputado mayor de gobierno, que a veces ejerce hasta de diputado técnico. Y el scouting es el mayordomo.
En el caso del entrenador está más que claro que es el capataz, que es nombrado y cesado por los gustos y afinidades de todos los que hemos nombrado y que están por encima. Aunque en algunos casos los dueños de los martillos se las hacen de Sir Alex Ferguson y duran más que lo que duró el escocés en el banquillo de Old Trafford.
Y el partido es cada decisión, desde una una chicotá discutida hasta un cambio de capataz, pasando por el mercado de fichajes y sus rumores, y ofrecimientos de agentes libres y agentes FIFA.
El mercado está inflacionado como en la Premier, porque hay muchos costaleros y casi más capataces que ocupan los banquillos más insospechados.
Y es entonces cuando aparece el VAR, para llamar a la junta de turno y decirle, revisa el comunicado, porque puede que te hayas equivocado ¿Qué sucede? Que como el VAR aquí es optativo la junta no lo atiende y sigue el partido sin rearbitrarse y si te han sacado la roja y te meten tres partidos, te los comes.
Todos criticarán al árbitro, cuyo rol también recae en el hermano mayor y los linieres y el cuarto son su junta de gobierno, pero la decisión no tiene vuelta atrás. Es lo romántico del fútbol de antes y de las cofradías de ahora.





