A contracorriente | Publicidad vs periodismo, cofradías vs espectáculo

Ver más de una procesión es como asistir a un partido de fútbol. Y, dependiendo de quien salga, es como ir a ver un encuentro de Segunda, Primera o de Champions, aunque todos los que se meten en esta harina lo venden cual final de Copa de Europa y solo les falta tocar el himno de la UEFa en lugar de la Marcha Real.

Lo de Roma, lo de la autoproclamada gran procesión (como el Gran Circo Price) ha sido precisamente eso, un espectáculo sin más sentido que el del autobombo de algún que otro estómago agradecido. 

Ya se ha explicado lo del sentido, lo de la ausencia de sustancia religiosa, lo de los periodistas a gastos pagados, etc. Pero en el asunto de las relaciones públicas, de la propaganda, de la publicidad, se sigue perseverando como en la nota de prensa de la ‘Gran Procesión’, con sus logos en la parte inferior, con las instituciones públicas (alguna privada hay) que han puesto la manteca.

Pero no se engañen, lo de hacer propaganda con las notas de prensa es la norma sin excepción. Como también lo es el seguidismo de los medios, porque hay que comer y eso es muy legítimo, siempre que luego no se repartan carnet de portadores de la verdad.

Y es que si buscan la verdad, o al menos una opinión medianamente crítica sin ser de parte como el perito que presenta el abogado defensor del acusado, el espectro se reduce más que la parte inferior de un embudo.

Y, si no quieren problemas y les duele la cabeza si piensan demasiado, crean eso de que la gran procesión la han visto, no ya 258 millones de personas, sino, mil millones, con una buena parte de rusos, chinos e indios debatiendo si al Cachorro le pega más La Puebla o la Presentación al Pueblo.