A contracorriente | Si fuera por los meteorólogos, no habría procesiones

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Cada vez que los veo, los leo u observo cualquier predicción (su denominación ya da una pista) y, posteriormente, compruebo lo correlativo de la misma con la realidad; no puedo evitar recordar a los augures etruscos.

De estos últimos tuve mi primera noción cuando estudiaba Derecho Romano y me fascinaron. Estudiaban y pronosticaban, entre otros, a partir de las vísceras de los animales sacrificados y fenómenos como rayos y truenos.

Roma los acogió y fueron asesores cruciales. De hecho, tenían su propio colegio, el de los harúspices y se diferenciaban de los romanos en que, estos últimos se fijaban para sus pronósticos en el vuelo de las aves, principalmente.

Con esas premisas (generales, por no entrar en más detalles), pronosticaban sobre acontecimientos importantes. Y eso mismo parecen hacer los meteorólogos, aunque estos se basan en mapas, modelos y colores que cada vez son más oscuros, para poner el énfasis en el frío, calor o lluvia, y así parece que juegan al miedo climático.

El minúsculo detalle es que aciertan bastante poco y dan las alertas cuando el fenómeno ya está prácticamente encima del lugar afectado. Y casi siempre que hay procesiones o un evento de los que copan las calles, será casualidad, en los mapas de precipitaciones aparece la manchita, azul, luego más azul, luego más oscura y al final morada del agua.

Así ha pasado con las cabalgatas de estos días de atrás y, aunque en algunos sitios se ha cumplido, en el caso de Córdoba, Aemet estuvo anunciando agua durante varios días hasta el mismo día.

El empeño es grande, pero el resultado suele ser el mismo casi siempre. Aunque a base de probar, cuando acierten se venderá como quien ganó la Champions. 

Para eso, mejor me quedo con los harúspices, que también tenían su ciencia, la misma o más que la de esa gente que se empeña en vocear un agua que no cae y que cuando dan sol y nubes, lo que se pone morado no es el mapa, sino tú chorreando porque no cogiste el paraguas.