El socialismo que hemos conocido durante las últimas décadas en Andalucía, poco o nada tiene que ver con el de Engels y Marx. Aquella reacción contra el capitalismo (esto sí lo veremos más adelante), que tomó prestados (o robados) los valores del cristianismo para demonizarlo abrazando el materialismo histórico; aquel concepto de la plusvalía; del premio en función del esfuerzo. De aquello no queda nada en el socialismo imperante.
Por contra, como en su día hizo la Iglesia, en el socialismo patrio abunda la red clientelar como fórmula para asegurarse el poder. Si eres pobre (y cada vez más) y dependes de la caridad del Estado, no te revolverás contra él. Todo lo contrario, seguirás mendigando en la puerta del templo socialista y ellos actuarán como señores feudales, igual, pero con los rasgos del tiempo que nos tocó vivir.
En Andalucía, durante más de cuatro décadas la cultura socialista ha calado. Las redes clientelares, los PER, las peonadas, la PAC, las subvenciones (ahora las denominan líneas de ayudas o eufemismos similares) y demás limosnas siguen a la orden dl día, porque del socialismo a lo liberal solo ha cambiado el color del partido.
Con esa cultura sedimentada y solidificada en cada estrato es normal que los cofrades, como integrantes de la sociedad que son, pidan su parte del pastel. Lo hacen casi todos y los artesanos no han sido una excepción.
Pero lo mejor estaba por venir y Paquistán ha sido el detonante de una supuesta crisis, que terminará, si no se detiene, en el final de las artesanías cofrades. Eso parece desprenderse de las afirmaciones de algunos artesanos y artistas que, cuales sindicalistas, cuestionan desde cómo pasan la aduana los bordados provenientes del país asiático hasta la calidad, o si pagan impuestos o un argumento tan pueril como el de establecer una comparativa alocada con si esto pasara con las bandas.
El sindicalismo les rebosa para defender lo identitario, en una especie de nacionalismo proteccionista que va mucho más en la línea trumpista que en el argumentario socialista que supura en cada petición. Se llegan a quejar del asunto impositivo en lugar de clamar contra la enorme carga tributaria, mientras defienden que no se les encargue a los paquistaníes.
Es una reacción contra el capitalismo (volvemos al principio) con cierto sesgo de Marx y Engels, pero con el tinte de los ultraliberales Trump y Milei. La paradoja de quien sale en defensa del comercio de cercanía, porque es el nuestro, pero en el supermercado compra lo mismo, pero mucho más barato y sin que nadie se entere.
Esto pasó hace un par de décadas en Francia cuando se defendió que el más patriota era el más impuestos pagaba. Pues lo mismo, el más cofrade y el más sevillano es el que encarga a los artistas de aquí.





