Hace tiempo que la música procesional entró en una dinámica extraña. Una especie de carrera constante por estrenar más, anunciar antes y sorprender más fuerte. Cada temporada aparecen decenas de nuevas composiciones, algunas con enorme calidad y otras concebidas casi como producto de consumo inmediato. Marchas que nacen con fecha de caducidad antes incluso de sonar tras un paso.
Y, sin embargo, esta Semana Santa ha dejado una de esas contradicciones que invitan a pensar.
Las marchas de las que más se ha hablado, las más coreadas, las más buscadas y compartidas, no han sido precisamente estrenos recientes. Han sido “Tú eres Victoria”, de Manuel Roldán, y “Bendita Tradición”, de Pacheco y Carrasco. Dos composiciones que llevaban años ahí. Esperando. Creciendo poco a poco. Sin necesidad de convertirse en fenómeno instantáneo desde el primer ensayo.
Quizá ahí esté la clave.
Porque muchas veces confundimos impacto con permanencia. Una marcha puede levantar aplausos en su estreno y desaparecer a los pocos meses. Pero hay otras que encuentran algo mucho más difícil: quedarse en la memoria del aficionado. Entrar poco a poco en el repertorio sentimental de una Semana Santa.
“Tú eres Victoria” ha terminado explotando este año de forma casi definitiva. Y no por casualidad. La obra de Manuel Roldán llevaba tiempo asentándose en diferentes repertorios, encontrando su momento, dejando detalles reconocibles para el oído cofrade. La Agrupación Musical del Santísimo Cristo de Gracia apostó por ella desde el principio, dándole recorrido y personalidad propia, algo fundamental para que una composición termine conectando con la calle.
Con “Bendita Tradición” ocurre algo parecido. La marcha de Pacheco y Carrasco ha encontrado su sitio sin necesidad de artificios. Sin campañas. Sin el ruido constante que acompaña hoy a muchos estrenos. Simplemente ha llegado. Y cuando una marcha llega de verdad, se nota rápido: el público la reconoce, la espera y la celebra incluso antes de sus primeros compases. Además, la entrada en Sierpes del Señor de la Salud, ha hecho «viral» el ritmo inconfundible de la obra.
Tal vez el problema actual no sea la cantidad de marchas que se componen, sino la poca paciencia que existe alrededor de ellas. Parece que si una obra no rompe internet el día de su estreno, ya queda condenada al olvido. Y la música procesional nunca ha funcionado así.
Las grandes marchas no se hicieron grandes en una semana. Necesitaron años, contextos, bandas que las defendieran y público que las asumiera como propias. Necesitaron calle.
Por eso resulta tan interesante lo ocurrido este año. Porque, de alguna manera, “Tú eres Victoria” y “Bendita Tradición” recuerdan algo que quizá nunca debimos olvidar: que en la música cofrade el tiempo sigue siendo el juez más importante.





