¿Abre la negativa del Consejo de Distrito Sureste a organizar la Velá de la Fuensanta la posibilidad de tener una fiesta no excluyente?

Motivos económicos han sido alegados por el Consejo de Distrito Sureste para declinar organizar este año la Velá de la Fuensanta. Una fiesta que ha entrado de su mano en los últimos años, en una deriva excluyente que ha conseguido cuajar una celebración en contra de cualquier componente religioso – germen de la celebración, por más que se oculte – y dotada de una evidente politización que ha provocado que buena parte del pueblo de Córdoba, haya terminado por alejarse de una fiesta que antaño fue de todos los cordobeses, cansada de ver como se ha terminado convirtiendo más en un foro del activismo de la extrema izquierda y la reivindicación antisistema que en una fiesta de todos.

Las razones esgrimidas han sido de índole económica. Así ha quedado enfatizado en una misiva remitida a determinados colectivos de la ciudad de Córdoba, a la que ha tenido acceso Gente de Paz, y en la que se afirma, tras subrayar de manera contundente que esta decisión no supone en modo alguno un enfrentamiento con el ayuntamiento – «¡De ninguna manera!» reza la carta, rechazando una batalla con la mano que les alimenta vía subvención – que es la falta de recursos para desarrollar las actividades que tiene pensado acometer, la causa de que rechacen, al menos de momento, dirigir su organización.

En la carta se añade que para convertir la Velá en un «evento participativo» se organizan hasta 80 actividades «todas ellas gratuitas» puestas en práctica por más de 40 colectivos. Una frase que lo que viene a decir es que no ha garantizado la cuantía de dinero exigido por el Consejo de Distrito para subvencionar con dinero público, el que sale de los impuestos de todo los cordobeses, a las más 40 asociaciaciones elegidas de manera discrecional  – a dedo – para concebir un programa de actos con una marcada y concreta tendencia política que ha quedado suficientemente demostrada en los últimos años. Porque estas actividades, lejos de ser gratis, son financiadas por el bolsillo de los ciudadanos, como el resto de las subvenciones que el Ayuntamiento de Córdoba reparte a lo largo del año. Y es que a veces, da la sensación de que esto sólo ocurre con las que reciben las Hermandades de la ciudad. Algo así como, «si no les pagas a mis chicos, nos enfadamos».

Sea como fuere y si la pataleta-amenaza del Consejo de Distrito termina llevándose a cabo, tal vez esta sea una gran oportunidad para volver a convertir en plural una fiesta que debería serlo, en lugar de en un culto a un fósil, una fiesta de verano de determinados partidos políticos y demás grupos adláteres y una secuencia insoportable, más o menos encubierta, de mítines anticapitalistas que aburren a las cabras y que paulatinamente han logrado expulsar de su seno a la parte de la sociedad cordobesa que entiende la fiesta como una celebración integradora que ha de aglutinar a las diferentes sensibilidades que forman parte del imaginario colectivo de la ciudad de Córdoba, incluidas las de la mayoría de los votantes. Aunque estando de por medio Isabel Ambrosio y Pedro García, tal vez esto sea mucho pedir.