¿Se acabó la media hora de cortesía en caso de lluvia en la Semana Santa de Córdoba?

Habrá quien piense que existen razones justificadas y quienes opinen, también de manera legítima, que no es más que una mera ocurrencia, que justifica la incapacidad de la Agrupación de Cofradías para implementar refugios para que las cofradías puedan guarecerse en caso de precipitaciones, en el camino hasta la Santa Iglesia Catedral, como siempre hubo cuando la Carrera Oficial se situó en el entorno de las Tendillas, y de paso traslada la responsabilidad exclusiva de esta carencia, a las juntas de gobierno, que tendrán que decidir sobre la marcha si, en el preciso instante en que toca poner en la calle al cortejo caen, o no, gotas del cielo. También habrá quien opine que la apuesta de Francisco Gómez Sanmiguel y su equipo de gobierno, obedece a mero ventajismo, considerando que los pronósticos solo ofrecen, en estos momentos, riesgo de precipitaciones para la primera mitad del Domingo de Ramos.

Lo cierto y verdad, es que no hay refugios, y no los hay porque nadie se ha preocupado de que los haya -no será que no hay espacio en la Ronda de Isasa-. Y la realidad es que el hecho de que no haya refugios para que los pasos y los cortejos puedan protegerse en caso de lluvia, ha propiciado que el presidente de la Agrupación de Cofradías afirme que no se contempla conceder la tradicional media hora de cortesía a las cofradías en caso de lluvia.

Cierto es que somos muchos los que hemos criticado la guasa que supone que las cofradías vayan dilatando de media hora en media hora su salida, cuando apenas hay diferencia entre salir a las 4 o a las 4:30, pongamos por caso. Como también es cierto que esta decisión no deben esconder, en modo, alguno la falta de previsión de quienes al parecer piensa que poner una cruz de guía en la calle tiene el mismo efecto con la lluvia que el bastón de Moisés tuvo con el Mar Rojo.

En primavera, en Semana Santa, es perfectamente factible que puede haber riesgo de lluvia -basta comprobar cómo nos ha ído este Viernes de Dolores- y el patrimonio, artístico y humano, que ponen las hermandades en la calle suficientemente importante como para merecer que el órgano de gobierno que las representa tenga la precaución de concebir lugares para el refugio, camino de la Santa Iglesia Catedral. Si fuese físicamente imposible no habría debate. Pero la excusa del espacio no existe, lugares hay para habilitarlos, y apelar a cuestiones económicas considerando determinados dispendios innecesarios en los que se lleva incurriendo en los últimos años, sin que los mismos que se rasgaron las vestiduras en el pasado con la cosa económica digan ni mu, está fuera de lugar.

Quizá por ello, porque en el fondo hay una consciencia de que algo más se podría haber hecho, el propio presidente ha matizado que, según las circunstancias, a lo mejor sí que se concede esa media hora de cortesía -«si se tiene certeza de que en media hora el riesgo será cero», cosa que no va a ocurrir-. Una rectificación sobre un hipotético cambio, un sí pero no en toda regla, que deja las puertas abiertas a la duda, y a que cualquier cofrade cordobés pueda preguntarse, en voz alta -entre la resignación, la sorna y el hartazgo-, si realmente la media hora de cortesía ha desaparecido de la Semana Santa de Córdoba, como los correctores del librito de Semana Santa, o la ocurrencia no es más que un brindis al sol… nunca mejor dicho.