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¿Afición u obligación? ¿Te comprometes?

Que las formaciones musicales han evolucionado de una forma inimaginable en los últimos años todos lo sabemos. Esta evolución ha llegado además a todos los sectores dentro del organigrama de una banda y ya no solo en lo musical sino en la dirección, organización, directiva, albacea, tesorería, realización de eventos, mantenimiento de instrumentos y local de ensayos, merchandising y un largo etc… Una formación musical (y en concreto hablo de Bandas de Cornetas y Tambores y Agrupaciones Musicales no profesionales, en las cuales sus músicos no reciben remuneración económica), siempre se ha visto como un ocio, un divertimento más de los que cualquier persona puede tener, si bien, se exige una dedicación para que, llegada la hora, se cumplan los contratos con el nivel musical que las hermandades requieren.

Atendiendo a todo lo anterior que he expuesto y a la evolución que estas formaciones han tenido la pregunta se hace sola, ¿una banda hoy en día es una afición o una obligación? Dícese así del término «afición» por la Real Academia de la Lengua; 1 Inclinación o atracción que se siente hacia un objeto o una actividad que gustan. 2 Conjunto de personas vivamente interesadas por un espectáculo o partidarias de una figura o un grupo que lo protagoniza. 3 Cariño, afecto o simpatía hacia alguien. 4 Actividad que se realiza habitualmente y por gusto en ratos de ocio. 5 Ahínco, empeño. 6 Que ejerce una actividad en la que no es profesional.

Queda claro pues en estas definiciones que la afición a la música cofrade y en concreto a los que la practican, es algo que se desarrolla en ratos de ocio, que no es profesional y se hace porque gusta. El problema es que hoy en día la exigencia hace que se pida más compromiso a la hora de formar parte de una formación musical, y es que es complicado para una dirección ser flexibles a la hora de entender las faltas de unos componentes por trabajo, familia, estudios etc, y en cambio otros hacen esfuerzos para faltar lo menos posible a los ensayos y quehaceres dentro de una banda o agrupación. Esta mezcla suele ser explosiva ya que hay muchos que se quejan (y con razón) por las faltas de algunos y en cambio ellos hacen el esfuerzo para no faltar.

Está el que falta porque llega del trabajo una hora antes del ensayo y necesita descansar, está el que hasta va al ensayo con la ropa del trabajo. Está el que tiene familia y como es comprensible quiere estar con sus hijos tras llegar del trabajo, está el que se lleva la mujer y los hijos al local de ensayos. Está el que tiene estudios, exámenes y necesita las horas de ensayos para prepararse, está el que en vez de irse al parque o a dar vuelas en bici, estudia por las tardes para ir al ensayo por la noche. Está el que tiene otro ocio además de la banda y le coincide la misma hora, está el que procura que en el horario de ensayos no le coincida ninguna otra cosa y así multitud de ejemplos.

Pero como digo esto se ha acentuado con el alto nivel musical que hoy las bandas poseen y que hacen que (a no ser que seas profesional o un prodigio) se tenga que acudir al mayor numero de ensayos posible. Así pues creo que en el termino medio está la virtud. Hay que ponerse en la piel de la dirección musical que, a veces, se ven con poco numero de componentes y así se dificulta llevar a cabo el montaje de repertorio, pero hay que tener en cuenta las necesidades personales y profesionales de los músicos para hacer un buen planning de ensayos. Por todo ello, hoy se entra en una banda por afición y una vez en ella, la misma banda te obliga a mantener un compromiso.

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