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Ahora, desde el Cielo de Capuchinos

Juan, vaya golpe que me has dado, creía desde la distancia, que estabas saliendo triunfador de tu enfermedad, y de buenas a primeras, siempre mucho antes de lo esperado, me dieron la noticia fatal, D. Juan Rodríguez nos ha dejado.

Un amigo que se me va, como otros, al Cielo de Capuchinos, ese cielo reservado solamente a los que sirvieron a engrandecer la merecida gloria de Dios, lugar reservado, donde ya estás disfrutando en la bendita compañía de tantos amigos que nos precedieron en este trance, ahí donde solo entran los que tutean a sus hermanos, ahí donde solo entran los limpios de corazón, los valientes, los grandes como tú, Juan, tú has sido el Hermano Mayor que ha regentado ese cargo durante más tiempo que cualquier otro en toda su historia, y nunca nadie pudo decir que le has tratado mal, tú siempre tenías tiempo para todos, conciliador absoluto, mediador paciente y lo más importante, Juan, siempre fuiste un hombre bueno.

Juan, me atrevería a decir que eres el Hermano Mayor que más patrimonio aportaste a la Hermandad. Recuerdo aquellas ferias en el Arenal, trabajando con la ilusión de una nueva candelería, apostaste por una simple idea, cada uno aportaba su trabajo, y el resultado los disfrutábamos todos, sencillo y directo, multiplicando las posibilidades al gestionar también la Cruz de Mayo, si fallaba una, se salvaba, con la otra.

Aquellos días de montajes, de caseta, de cruz, de pasos, días eternos, de mucho trabajo y de más hermandad, creo que todo eso se ha olvidado en la actualidad, al menos se percibe así desde mi punto de vista, aquellos proyectos llevamos a buen término, paso de misterio, nave de los pasos, tus palabras de ánimo y tu eterna presencia, antes, ahora y siempre.

Pero quizás tu logro más importante permanezca sumergido en el olvido de la memoria, ya casi nadie recuerda Juan, como conseguiste, que la bendita imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, pasara a ser el titular de tu cofradía, que ya lo era, pero a muchos de los que te precedieron parecía no interesarle esa titularidad, y que tú Juan, conseguiste elevarlo al lugar que merecía.

Lo sacaste de la primera hornacina del lado derecho, según se entra a la iglesia del Santo Ángel, y conseguiste colocarlo en el actual emplazamiento, con alguna disputa y la colaboración de Fray Ricardo de Córdoba, algún día todos sabrán las condiciones de este cambio, y que muchos ya han olvidado, y los más desconocen, supiste fomentar de forma impecable sus cultos, proveíste a titular de un paso esplendido, paso que aún mantiene a muchos en sus puestos, viviendo de las rentas que dejaste en herencia, alcanzaste la igualdad entre la grandeza de María Santísima de la Paz y Esperanza y la del titular de su cofradía, Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia.

Reto que parecía imposible de alcanzar y que tú me demostraste que era fácil, fácil para alguien como tú, tú, que fundamentabas todos los logros de tu corporación en dos términos simples, convivencia y trabajo, cosas que otros que te siguieron ya se olvidaron de estas sencilleces y así les va.

Juan, fruto de tu saber reducirlo todo a lo sencillo, de esa tu capacidad de reducirlo a únicamente la parte efectiva de la cuestión, es lo que ha marcado tu paso por esta hermandad, todos iguales, todos hermanos, todos, sencillamente trabajadores con una única meta, un único proyecto, evitando diluir los esfuerzos en múltiples e inalcanzables proyectos, que hace que todos sean mediocres. Juan ahí quedó tu obra para los que quieran verla, los que no tengan vendas interesadas en los ojos.

Nos dejaste, y desde el cielo de Capuchinos, en animada charla con los buenos hermanos que allí están, podrás ver con la distancia todas estas cosas que te cuento de forma más distante, más lejana, pero nunca podrás hacerlo de forma más humilde, ya que alcanzaste muchos logros y nunca te oí decir el odiado adjetivo posesivo “mi” seguido de cualquiera de ellos.

Y es, Juan, que nunca creíste en el “yoismo” y si en la unidad de los que junto a ti participaron de todos y cada uno de los logros de esta Hermandad.

Nos mostraste que muchas personas pequeñas haciendo cosas pequeñas y todos en la misma dirección, conviviendo como una unidad, pueden cambiar el mundo, así simple, sencillo, como casi todas las cosas que tú hacías, Juan y eso hace que vivas eternamente en nuestros corazones.

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