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Antonio Luis Troya: «El que no apuesta no gana. Yo aposté por mi obra y a día de hoy lo sigo haciendo»

Desde que daba sus primeros pasos en el mundo de la imaginería en un cuartillo que sus padres tenían en el patio de la casa familiar han pasado no pocos años. De allí salieron algunos trabajos de pequeño formato. Pero aunque ha llovido desde entonces sigue conservando «la misma inquietud por aprender, por superarme cada día más y la pasión por mi trabajo». Antonio reconoce que es consciente de la dificultad de dedicarse al oficio de imaginero, enfrentándose a la incertidumbre de si el día de mañana seguirán llamando a su puerta con nuevos encargos. «El que no apuesta no gana. Yo aposté por mi obra y a día de hoy lo sigo haciendo», manifiesta.

Antonio Luis Troya junto a una de sus últimas obras, Santa Ángela de la Cruz

Escultor, imaginero, restaurador… ¿qué le aporta cada una de estas facetas? Él mismo reconoce que le dedica la mayor parte del tiempo en el estudio es la imaginería: «Con lo que más disfruto es creando vida de una simple pella de barro, aunque sí es verdad que realizo algunos proyectos de restauración junto a mi amigo y restaurador Marcos Moreno».

En cuanto a la restauración, señala que es apasionante: «Es un trabajo minucioso y delicado que te permite ver cómo el autor ejecutó la obra siglos atrás y por supuesto es muy gratificante ver el resultado final después de la intervención. Ambas modalidades están muy ligadas a mi carrera. Gracias a la restauración tomé contacto con el obispado de Panamá y por ello llegaron proyectos muy importantes».

De aquellos inicios recuerda las obras que ejecutó para clientes particulares que depositaron su confianza en él. Ahora son las hermandades las que acuden a su taller. «Desde hace unos años tengo la confianza de la hermandad de la Oración en el Huerto, la Hermandad de la Vera Cruz, la Hermandad de Valme, Santa Ana, La Borriquita, Gran Poder y a día de hoy la Hermandad de la Santa Cruz, todas ellas han confiado en algún momento en mi para realizar algún trabajo». Su última obra, una Santa Ángela de la Cruz, fue bendecida el pasado mes de junio por Santiago Gómez Sierra, actual obispo de Huelva, y que puede contemplarse en la parroquia de Santa María Magdalena.

Más desconocida es su obra profana. En su producción «Es muy escasa y no porque no me atreva o no me guste, todo lo contrario. Es algo que me apasiona. Parte de mi formación fue en una fundición de trofeos y monumentos, donde el 80% de las esculturas son profanas. Me atrae muchísimo ese tipo de escultura pero no he tenido aún la oportunidad de poder realizar ninguna obra de gran envergadura, aunque me he interesado mucho entregando proyectos en concursos públicos para ayuntamientos. solo queda esperar que me llegue el momento».

Volviendo a la producción religiosa, parte de su producción se encuentra en países como Italia, Sudán, Sudáfrica o El Congo. Incluso al otro lado del charco. Obras en México, Brasil a Panamá, destacando este último, donde comenzó a trabajar con 25 años, llegando a alcanzar hasta el día de hoy seis proyectos realizados para monseñor Audilio, el último de los cuales considera «uno de los proyectos más importantes en mi carrera hasta la fecha, un Calvario que días antes de cruzar el atlántico pudo estar expuesto en el Ayuntamiento de Sevilla, en una exposición llamada “La gubia de Troya: entre dos mundos”». El último de los proyectos para el extranjero ha sido la exposición “El modelado de la fe por Troya”, acaecida en México, el pasado diciembre. «Me dieron la oportunidad de participar en el primer festival de sentidos, un encuentro que reunía las mejores firmas internacionales. Representando la escultura pudo ir mi obra con una colección de diez piezas realizadas exclusivamente para dicha exposición», argumenta.

El imaginero en su taller

Entre otras muestras en España, Murcia acogió parte de su obra en la exposición “Barro, madera y sangre”. Recuerda que «fue una experiencia nueva. Nunca se había propuesto reunir en una galería de arte a varios escultores del arte sacro contemporáneo y lo interesante es que participaban tanto compañeros con una larga experiencia como otros con menos, como yo. Soy de los que pienso que de todos se aprende algo nuevo se tenga más o menos trayectoria. Yo participé con un Nazareno con destino aún por desvelar, ya que con todo lo que estamos viviendo aún está sin bendecir y por lo tanto no está colocado al culto».

En su taller se encuentra realizando un crucificado con la advocación del Cristo de la Buena Muerte, cuyo paradero será desvelado el próximo mes de septiembre. También está creando las doce cartelas que faltan por concluir para el paso de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas. Y por si fuera poco, va proyectando unos ángeles mancebos y una mujer y una mujer hebrea. Entremedias, Antonio Luis Troya saca tiempo libre para desconectar de la rutina: «Soy de los que piensa que el trabajo hay que dejarlo reposar alguna temporada y volver a continuar con él pasadas algunas semanas. De esta forma, cuando dejas de verlo a diario, te das cuenta de qué cosas rectificarías».

Aunque los tiempos por los que atravesamos son poco halagüeños, Antonio Luis confía en que todo vuelva pronto a la normalidad. En torno al ámbito de la imaginería piensa que está en auge: «Creo que es la época con más concentración de imagineros de la historia y también está creciendo mucho el cliente particular como antaño y eso hace que haya demanda». Añade, además: «Las hermandades renuevan parte de su patrimonio que no tiene quizás la calidad que se tiene hoy en día y por supuesto se crean nuevas corporaciones. El nivel artístico de la imaginería actual es muy alto gracias a bastantes autores consagrados y también jóvenes y muy jóvenes que empieza a crear sus primeros bocetos. Está claro que muchos se quedarán en el camino. Me gusta comparar esta profesión con la tauromaquia: hay buenos toreros que se colocan delante de los pitones, pero no todos despuntan para poder vivir de ese complicado oficio. Yo siempre me quedo con lo bueno de todo y hay que ser constante, trabajador y dar lo mejor de uno mismo para conseguir dejar tu huella y alcanzar la confianza y el reconocimiento del público».

Antonio Luis en su taller durante el proceso creativo
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