Antonio Santiago recupera su puesto como capataz de la Hermandad de la Macarena tras ocho años de ausencia, marcando un regreso cargado de emociones y responsabilidad. En una entrevista concedida a Macarena Televisión, en el programa El Atrio, Santiago abordó su retorno, la formación de su equipo, los retos de asumir nuevamente el martillo y los momentos más significativos de su trayectoria cofrade.
La emoción de volver frente a la Virgen
Santiago explicó que estar delante de los pasos de la Virgen representa una experiencia que lo llena completamente: “Los pasos son pasos; pero aquí lo importante es Ella y ya estamos cerca (…) Ella lo llena todo”. Señaló que su sola presencia alivia cualquier sufrimiento: “Cuando uno lleva 40 años con ella, verla alivia todos los sufrimientos”. Recordó que incluso cuando la Virgen entra en la basílica y permanece sin adornos, su sola presencia es suficiente para llenar el entorno.
Los ocho años fuera del martillo
Sobre los años transcurridos fuera del martillo, Santiago afirmó que permaneció en el puesto que le correspondía, siempre al servicio de la hermandad, y vistiendo la túnica, aunque fuera una túnica nueva: “Cogí mi túnica y estuve en el lugar que me correspondía, muy cerquita de ella”. Reconoció que su etapa anterior al mando fue dura, especialmente el primer año, pero que la presencia de la Virgen y la oración ante Ella consuelan cualquier dificultad.
Santiago explicó que la junta de gobierno decidió en su momento el cambio de capataz y que es necesario aceptar la decisión: “Los humanos somos seres de costumbres, pero siempre hay que entender que la hermandad tiene su derrotero y hay lugares en los que uno no puede estar eternamente”. Sobre la posibilidad de soñar con volver, señaló: “Soñar es natural; siempre se sueña con la Virgen. Uno asume las circunstancias con esfuerzo, cariño y valentía, sabiendo que estamos para lo que haga falta”.
Evolución personal y búsqueda de la excelencia
Al preguntarle si regresa siendo la misma persona, Santiago señaló que con el tiempo todos cambian: “No mando los pasos ahora como lo hacía a los 25 años; mi personalidad ha cambiado, mis conocimientos también, y la perspectiva de valorar las cosas es distinta”. Añadió que su objetivo sigue siendo la excelencia: “Quiero que todo esté valorado, pensado y hecho con todo el cariño para que la Virgen y la hermandad sea lo mejor posible, sin dejar ningún cabo suelto”.
700 personas, un reto histórico
Santiago abordó la igualdad de la hermandad que reunirá a unas 700 personas, un reto histórico: “Nunca me he enfrentado a una igualdad con 700 personas; vamos a intentar hacerlo lo mejor posible, atender a todos y distribuir los pasos de manera óptima”. Explicó que se aprovecharán los espacios disponibles, incluyendo la plaza frente a la basílica que ahora está libre de tráfico, y que la organización será minuciosa para asegurar que cada costalero se ubique correctamente y que la logística permita cumplir con las necesidades de los pasos.
Formación del nuevo equipo
El capataz explicó que su regreso implica rearmar el equipo desde cero, integrando tanto a costaleros de años precedentes como a nuevas incorporaciones. Subrayó que todos son hermanos de la hermandad que cumplen los requisitos necesarios para formar parte de la cuadrilla, y que su hijo será su mano derecha. Entre los nombres que acompañarán a Santiago se encuentran Manuel Antonio Santiago, Javier Prieto, Jesús Díaz, Enrique Martín, José Luis Delgado y Juan Baptista, quienes ya han trabajado con él y aportarán su experiencia y conocimiento a la nueva organización.
También regresan otros, como Julio Clemente y José Luis Romero, quienes ya formaban parte de la cuadrilla anterior, junto con Luis Yáñez y Pablo Fernández, hermanos de la hermandad que se incorporan al equipo para reforzar la cuadrilla. Además, Santiago anunció la incorporación de tres nuevos miembros cuidadosamente seleccionados: un costalero con experiencia reciente en el paso del Señor con Juan Ignacio del Valle, Israel Espárrago, un costalero de muchos años de trayectoria en la cofradía, y Sebastián Tejido, quien ya había trabajado debajo del paso y se incorporará a la contravía.
Santiago enfatizó que el equipo es numeroso, preparado y suficiente para garantizar que todo esté bien trabajado y en sinergia, asegurando que la coordinación de los pasos, el reparto de kilos y la atención a todos los hermanos se realice de manera óptima. Indicó que la intención es equilibrar la experiencia de los veteranos con la energía de los nuevos integrantes, para consolidar una cuadrilla que represente el espíritu de la Hermandad de la Macarena y garantice la excelencia en cada movimiento.
Comenzar de cero
Santiago reiteró que su objetivo es empezar de cero, sin heredar ninguna cuadrilla existente, dando prioridad a los hermanos que mejor se adapten a las necesidades del paso y de la hermandad. Señaló que aunque 700 personas se presenten con ilusión, no todas podrán formar parte de las cuadrillas debido a las limitaciones físicas de los pasos, afirmando que habrá aproximadamente 500 personas que no podrán participar.
Momentos más esperados y devoción
El capataz destacó que cada instante con la Virgen es significativo, aunque mencionó con especial emoción la primera levantá: “Va a ser un momento intenso, muy sentido, difícil de describir”. También recordó que durante su ausencia al mando de la cuadrilla ha vivido momentos de gran emoción en la intimidad, como ver a la Virgen desde su posición de nazareno o acompañando a su nieto por la calle Feria.
Santiago defendió que los devotos deben tener la oportunidad de ver a la Virgen, incluso en medio de la multitud: “La Virgen sale para estar con su gente; no debemos apartar a quienes la buscan con devoción”. Afirmó que es un desafío conciliar la presencia de los fieles con el andar de la cofradía, pero insistió en preservar la esencia y cercanía de la Hermandad.
Mantener tradiciones y mejorar los pasos
Santiago recordó el legado de Manolo Santiago (su padre) y la importancia de mantener las chicotás de costero a costero, explicando que el paso del Señor nunca anduvo de esta forma hasta 1973, cuando Manolo Santiago se colocó delante del paso y organizó a los costaleros en la esquina de la calle Trajano. Relató cómo el paso levantó a la música y el paso anduvo de costero a costero, dando origen a una tradición que se mantiene hasta la actualidad.
El capataz destacó que esas tradiciones se mantendrán, pero que también buscará mejorar todos los aspectos del paso y del Señor de la Sentencia, porque “si no fuésemos capaces de mejorar las cosas, no merecería la pena seguir”. Finalmente, el capataz subrayó que los costaleros transmiten vida a las imágenes, y que la técnica y la devoción del equipo permiten que tanto la Virgen como el Señor proyecten esa sensación de vitalidad y esplendor que distingue a la Semana Santa de Sevilla.





