A contracorriente | Demasiadas preguntas

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La configuración de la Semana Santa de Córdoba de 2026 deja demasiadas preguntas en el aire. Desde el Domingo de Ramos al Viernes Santo, se hacen difíciles de comprender distintos aspectos.

En el caso de la jornada inaugural de los días grandes es complejo entender cómo se ha tardado tanto en atender las peticiones del huerto, cuando la jornada sufrió -hace nada- una remodelación. Y tampoco es entendible la falta de sensibilidad con Palmeras el Miércoles Santo o que el Sepulcro clame en el desierto el Viernes.

Desde la vocalía trumpista (por eso del cambio de nombre) que se encarga de ajustar horarios e itinerarios, bastante se tiene con que exista, pues a la vista de los resultados parece que las hermandades entre ellas se podrían gestionar.

Eso nos lleva a plantearnos algo de mayor calado, ¿hasta qué punto es necesaria la Agrupación tal y como está concebida? Si responden ellos, seguramente dirán que es imprescindible. Pero el asunto está en lo que considere el resto.

Sin embargo, en la penitencia está el castigo y la ausencia de corporativismo de las cofradías es preocupante. Un que no es amigo de él echa en falta una pizca, para que no se den casos como el de Palmeras o el de la Iglesia empezando a cerrar ventanas a las hermandades, las mismas que abrió cuando les convenía.

Ellos son los reyes, los emperadores, los amos del corporativismo y así han ido sobreviviendo dos milenios.

Todo deja demasiadas preguntas y, aunque no se quiera ver, las respuestas confluyen en una. Las cuento pronto.