Situada en la cumbre más alta del Monte Capitolino de Roma, se alza la Basílica de “Santa María in Aracoeli”. Originalmente, esta iglesia recibió el nombre de “Santa Maria in Capitolo”, por el lugar en que se encontraba; habiendo sido rebautizada el siglo XIV.
Según una leyenda medieval, el emperador Augusto, turbado por la decisión del Senado de tributarle honores divinos, pidió consejo a la Sibila Tiburtina, la cual, vaticinó que desde el cielo descendería “el Rey de los siglos”. Atento a la profecía, Augusto observó un torrente de luz deslumbrante, la Virgen con el niño Jesús en sus brazos descendió mientras una voz misteriosa proclamaba “este es el altar del Hijo de Dios”. Fue entonces cuando mandó construir en el Capitolio un altar -aracoeli- al “Hijo del Dios del Cielo”. El nacimiento de este niño tuvo lugar cuando todavía él era Emperador.
Según cuenta la tradición, estando en labores diplomáticas en Roma don Luis Fernández de Córdova y Pacheco,alcaide de los Donceles, marqués de Comares y señor de Lucena, a principios de 1562, quedó embelesado por la belleza del icono venerado en la basílica de Santa María «in Ara Coeli”, la «Madonna di Aracoeli”, Copatrona de la ciudad de Roma. Tanto fue así que decidió encargar una imagen de la Virgen María bajo la advocación de Araceli, que significa Altar del Cielo. El fervoroso aracelitano y erudito lucentino Dr. D. Francisco Antonio Tenllado.
En esta convocatoria de cultos realizada por Nolasco Alcántara, se hace un breve recuerdo a la Aparición de Nuestra Señora de Araceli, ya que además de ser Patrona de Lucena y del Campo Andaluz, también es Copatrona de Roma y Guardiana de Italia.






