Se acaba de presentar hace unos momentos en la Real Iglesia de San Pablo el cartel de la Romería del 2023 de la Ilustre y Fervorosa Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío de Córdoba y San Juan Pablo II, obra realizada por Francisco José Segura García. La obra está realizada en cerámica pintada y esmaltada sobre soporte de tabla encerada. Los motivos, inspirados en el artesonado mudéjar de lacerias de la Iglesia Conventual de San Pablo -sede canónica de la Hermandad-, aparecen realizados a modo de solería.
De esta forma, la solería se convierte en un símbolo del camino que los rocieros realizamos en busca de María, una solería que, además, al tener las formas que nos encontramos en el techo de la Iglesia de San Pablo aluden de forma directa al cielo que nos cubre cuando al alzar la mirada buscamos a Dios en este templo. No en vano, si el camino que nos lleva al Rocío, nos lleva a María, mujer que intercede por nuestros pecados y que es puerta del cielo, de ahí que el cielo de San Pablo se convierta ahora en ese camino para llegar a Dios a través de María.
La cerámica, ejecutada bajo técnicas artesanales desde la propia concepción del ladrillo, se encuentra pintada y esmaltada en color verde-manganeso. Una vez más, la propia historia de la ciudad de Córdoba y, concretamente, el período califal, nos otorga el tono que hemos utilizado para crear una vinculación y continuidad entre la ciudad y el cartel que anuncia la próxima romería. Así, bajo el reinado del califa Abd al-Rahmán III, en la vecina ciudad palatina de Medina Azahara este tipo de cerámica se convirtió en el símbolo de la urbe, a la par que esta última se erigía como la herramienta propagandística por excelencia del poder califal cordobés.
La elección de los colores, lejos de un uso baladí, también cuentan con toda una simbología que, para esta ocasión, se transforman en alusiones directas al cristianismo, en general, y a la figura de María, en particular. El blanco alude a la claridad, lealtad y poder; el negro es la austeridad y la dignidad; mientras que, por último, el verde es sintomático de felicidad. Así, y como no puede ser de otra forma, es María la figura que viene a encarnar a la perfección la idea de claridad y pureza, de dignidad y austeridad y de la felicidad que alcanzamos en Cristo a través de ella.
A lo largo del cartel se reparten una serie de motivos tomados de las Letanías Lauretanas y del Cantar de los Cantares que nos hablan, como manifestó el canónigo Muñoz y Pabón, de María como regalo bajado del cielo y que, además, la invocan en su condición de Reina y Madre. Así el cartel es un trasunto cerámico de las sevillanas compuestas por el canónigo hinojero con motivo de la Coronación de la Virgen de 1919. De este modo, el ramillete de flores se convierte en la alusión lauretana del lirio de Sarón que, en este caso, pasa a ser el lirio de las Marismas para atesorar como pomo de aromas el perfume de santidad de la Virgen.
Curiosidad añadida que para la configuración de este ramillete de flores hemos tenido en cuenta el diseño que se ejecutó para el programa de actos editado con motivo de la coronación. La fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, se representa en el «pocito del Rocío» símbolo por excelencia del papel mediador de María y de auxilio de los cristianos. La presencia del sol y de la luna encuentra justificación si nos detenemos un momento a escuchar la sevillana. La letra de la misma nos dice:
«Pocito del Rocío
siempre manando
lo mismo que la Virgen
siempre escuchando
de noche y día
te encuentra quien te busca
Virgen María».
En el centro de la composición se ubica la figura de la Virgen concebida bajo la apariencia, como no podía ser de otra forma, de la Virgen del Rocío que aparece en el simpecado de la Hermandad debida al pincel de Julio Romero de Torres. Inscrita en una estrella, por ser ella «la estrella reluciente de la mañana» y en alusión simbólica a su salida procesional al alba del lunes de Pentecostés.
Por último, la presencia de la paloma se justifica, más allá de como símbolo del espíritu santo y de Pentecostés, como una clara alusión a la pureza de la Virgen y la invocación rociera de María como «blanca paloma». Además, por si fuera poco, su protagonismo se evidencia a través del escudo de la propia hermandad (aunque la morfología del animal no está tomada del escudo sino de la gloria del techo de palio almonteño) y de la idea de que la romería del rocío se celebra en Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo.
La zona inferior está reservada para la cerámica que ubica geográficamente la hermandad que va a realizar el camino. Inspirada en los motivos atauriques -propios, una vez más, del período califal que tanto esplendor le otorgó a esta ciudad- refleja en mayúsculas: Córdoba.





