Huelva

Así es el magnífico cartel de Francisco Rovira para anunciar el Corpus 2022 de Huelva

El obispado de Huelva ha acogido la presentación del cartel del Corpus 2022. Una espectacular obra, realizada por el artista Francisco Rovira Yagüe, en técnica mixta sobre papel, acuarela pastel y grafito, que sugiere un contenido eucarístico y mariano, además de onubense. Los colores azul y blanco son concepcionistas, los de la Patrona de la Diócesis, la Inmaculada. Incluso un canto eucarístico, muy propio del culto a la Eucaristía en nuestra tierra, no sabe alabar al Santísimo Sacramento del Altar sin mencionar a la Virgen concebida Sin Pecado original. La Eucaristía es donde adoramos el verdadero Cuerpo nacido de María Virgen.

En la base del cartel un mar encrespado, un mar en tempestad: un símbolo del mundo, en el que navega la nave de la Iglesia. San Juan Bosco, en unos de sus sueños vio la tempestad y la nave de la Iglesia zozobrante y las dos columnas, que no eran otras que la Eucaristía y María. El mar encrespado, con olas espumantes, donde vuelve a destacar el azul y blanco nos recuerda también el mar proceloso, el océano tenebroso que separaba dos mundos, pero que fueron unidos por carabelas de nuestra tierra. Esas olas nos recuerdan aquellas bellas figuras con que nos ilustraba el Descubrimiento y la Evangelización de América el poeta moguereño Francisco Garfias en su himno de los Congresos Mariano y Mariológico de Huelva: «todo el mar de repente se inundó de esperanza, de paz la viña verde y el olivar en flor, una inmensa ternura va impulsando las velas, María siempre a proa es el Reino de Dios», cuyo primer anuncio llegó al Nuevo Mundo desde Huelva con la Eucaristía celebrada, adorada y vivida.

Esa nave o carabela la sostiene en el cartel un ángel, mientras que con la otra mano porta un ostensorio con la Sagrada Forma, a la que rodea un resplandor. El querube nos recuerda a los espíritus puros, como el que se cita en el canon romano: «que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición». Esa ofrenda es la del Sacrificio de Cristo, que se eleva constantemente por la Iglesia, «desde que sale el sol hasta su ocaso» (Sal 113, 3) cada vez que celebra la Eucaristía, misterio de la fe, que es alimento o banquete, sacrificio incruento, presencia permanente del Señor en las Sagradas Especies.

Como fondo del cartel se trasluce el boceto de la custodia procesional de la catedral de Huelva, realizada por Fernando Marmolejo Camargo en 1952, hace ahora setenta años. Este cartel quiere anunciar la fiesta del Corpus 2022 en Huelva, que tendrá unas connotaciones especiales en este tiempo en que parece que estamos superando la pandemia: será como una acción de gracias pública de la ciudad, y que comenzará con la solemne procesión eucarística del jueves 16 de junio, como inicio de esta solemnidad que se celebra el domingo día 19. Entre estas dos fechas, la Catedral onubense acogerá momentos especiales de adoración eucarística, terminando con la Misa Estacional del domingo y la procesión claustral por sus naves.La frase en el lado inferior del cartel recoge el inicio de un himno, atribuido a Santo Tomás de Aquino, compuesto para la fiesta del Corpus: «O sacrum convivium in quo Christus sumitur», o lo que es lo mismo en castellano: «Oh, sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida».

La solemnidad del Corpus, anunciada en este cartel, viene a recordarnos que el Santísimo Sacramento, al que llevaremos en procesión por las calles de Huelva, merece la adoración. Como recordaba Benedicto XVI: «Nos postramos ante un Dios que se ha abajado en primer lugar hacia el hombre, como el Buen Samaritano, para socorrerle y volverle a dar la vida, y se ha arrodillado ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. La adoración es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarística, en la que el alma sigue alimentándose: se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza, pues Aquél ante el que nos postramos no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y nos transforma».