Córdoba, Portada

Así es la diadema de la Coronación de la Paz y Esperanza

Se trata de una pieza dotada de un elevando componente simbólico.

La Hermandad de la Paz y Esperanza continúa desgranando detalles relacionados con la coronación pontificia de su titular que tendrá lugar el mes en ciernes convirtiéndose en una nueva cita para la memoria colectiva de la Córdoba Cofrade. Una de las nuevas piezas que con tal motivo se han incorporado de la Paloma de Capuchinos es la diadema donada por la Familia Fernández Poyatos y otra familia devota que ha sido realizada por el orfebre Jesús de Julián. El diseño de la diadema está concebido a modo de transición entre el ajuar realizado para la imagen durante los últimos años y la que será la nueva corona de la Coronación, motivo por el que se opta por la bicromía. De esta manera se aprecia una clara distinción de elementos, según sea plata en su color o plata dorada, a modo de dos piezas superpuestas.

La iconografía presente en el diseño de la pieza tiene como eje vertebrador el Evangelio, que presenta como modelo de fe y caridad a la Santísima Virgen que, como criatura predilecta de Dios, se presenta ante los ojos de la creación como Madre de Cristo, de la Iglesia y Reina de la Paz. En la franja inferior aparece una leyenda en latín, “In quamcumque domun intraveritis primum dicite pax huic comui” (al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: “la paz sea en esta casa”, texto extraído del Evangelio de San Lucas. “Esta es la llamada de Jesús a la Evangelización, que está establecida como fin de la Hermandad de la Paz, ya que sus miembros ejercen la labor de propagación del Evangelio trayendo consigo la paz”, asegura el comunicado emitido al efecto.

La naturaleza terrenal de la Virgen se presenta en el segundo cuerpo del diseño mediante diferentes elementos presentes en la naturaleza, en plata en su color, que circundan la diadema entre la franja inferior y la ráfaga de luz. Este segundo cuerpo  se corona con sendas laureadas de olivo, en alusión a que la Virgen fue enaltecida por Dios como Reina del universo, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte.

En el tercer cuerpo, en el centro de la diadema, aparece dentro de una hornacina una matrona rodeada de niños, una representación alegórica de la virtud teologal de la Caridad, por la que amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. La matrona reconforta y alimenta a los pequeños, y éstos a su vez, alzan flameantes antorchas como símbolo de ardiente vínculo, fruto del ejercicio de esta virtud.

En la parte superior de la pieza aparece una ráfaga compuesta de rayos rectos a modo de haces de luz. El empleo del dorado en esta zona acentúa, estética y simbólicamente, que María Santísima es la “Llena de Gracia”, la mujer vestida de sol de la que nos habla el Apocalipsis, y coronada de doce estrellas, distribuidas en el perímetro de la pieza. En el centro, la cruz se impone triunfante como consecuencia del sacrificio en ella realizado por Nuestro Señor Jesucristo, que murió para la salvación del hombre y venció al pecado y a la muerte en su Sagrada Resurrección.