Córdoba, Portada

Así es la espléndida corona para la Paz y Esperanza de Manuel Valera

La Hermandad de la Paz y Esperanza continúa descontando fechas con la mirada puesta en la coronación pontificia de su dolorosa que tendrá lugar el próximo 15 de octubre. Con tal motivo, la llegada del mes de septiembre supone el punto de partida del rosario de acontecimientos concebido por la junta de gobierno que preside Enrique Aguilar y que culminará con la procesión triunfal de la Paloma de Capuchinos, tras ser coronada en la Santa Iglesia Catedral.

Este 15 de septiembre ha sido inaugurada la exposición «Córdoba, Corona de la Paz», en la Galería de Presidencia de Diputación de Córdoba, en el que, entre otros proyectos, ha sido presentada la maravillosa corona para la Reina de Capuchinos, realizada por el prestigioso orfebre Manuel Valera. Una exposición que se prolongará hasta el día 25 de este mes.

La muestra acoge todos las incorporaciones patrimoniales concebidas para conmemorar esta ocasión única e irrepetible que llega en un momento controvertido por la inestabilidad social que vive la corporación capuchina. Entre los estrenos figurarán la media luna de plata, diseñada por Curro Claros, la diadema, sayas y el manto de vistas que estrenará la Paloma de Capuchinos entre otros estrenos aun no desvelados así como la ya mencionada corona diseñada por Manuel Valera, auténtica joya que lucirá en sus sienes la Virgen.

En cuanto a la corona, que está llamada a ser la que acapare la mayor atención de la exposición, se trata de una presea en la que destaca el oro, el oro blanco, el cristal de roca y la rica pedrería, y donde priman los aspectos simbólicos, destacando el uso del cristal y su dimensión iconográfica, en la que la figura de San Rafael Arcángel, custodio de la ciudad y siempre presente en el altar itinerante desde el que la Reina de Capuchinos derrama su esencia cada Miércoles Santo, ocupa un lugar de privilegio, así como la Paloma de Pentecostésrepresentación del Espíritu Santo. Su inspiración se remite a las tendencias actuales en geometría fractal, dialogando con un lenguaje profundamente barroco en ornamentación y pequeña imaginería.

El diseño al detalle

El canasto parte de bocel liso, tan solo animado por seis broches de joyería y alguna decoración grabada sobre el que apoya un gallón de acantos repujados y del que sobresalen ocho ménsulas o peanillas donde asientan sendos ángeles que sujetan entre ellos unas guirnaldas de flores cercando, a modo de «hortus conclusus» y defensa de la realeza de María.

El canasto propiamente dicho lo conforman las alas de los ángeles (o potestades) que alternan con una especie de capillas tachonadas de estrellas y juegos de acantos y roleos repujados, sobre cuya crestería apoyan los imperiales en número de ocho, cuatro de acantos y roleos de gran carnosidad y volumen y cuatro de bandas de piedra blanca en «baguette» o rectangulares engarzadas en carril. Ocho pinjantes de cristal tallado rematan el canasto sobre las capillas de los ángeles.

Los cuatro imperiales de los ejes principales, terminando en hoja vuelta, sirven de apoyo a una pequeña imagen de San Rafael, Custodio de nuestra ciudad, ocupando un lugar destacado en el diseño de la corona con ráfaga propia.

El resplandor está ideado con hojas y ramas de estética barroca entrelazándose con los rayos de cristal que prolongan los externos hacia el interior y enriquecidas con bandas de pedrería, basándose su geometría en juegos de espirales de leve inspiración fractal.

El eje principal de la corona lo remata el Espíritu Santo, en forma de paloma bajo media luna, sobre la que apoya el orbe de cristal y el principal símbolo de nuestra fe, la cruz de salvación, de cristal y ramas de olivo. Se ha combinado, en cuanto a terminaciones, el oro, color y metal de la divinidad, con el blanco del cristal y la plata, buscando mayor luminosidad y claridad a la presea y armonización en el conjunto del paso de palio de la imagen.

Cobra un especial protagonismo la original utilización del cristal. Como San Pio X refiere en su catecismo, y refiriéndose a la Virginidad de María, «como un rayo de sol atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo», o como la letrilla popular …como el sol que no quebranta el vidrio».

La ráfaga exterior se modula en alternancia de rayos lisos (que representan la luz divina) con lamigeros (que son simbolo de la energia divina). Los rayos principales aportan la originalidad de estar tallados en cristal, con lo que la simbologia se ve reforzada, ya que en 1672 Newton descubrió la fusión de colores de la luz solar en un prisma de vidrio. Entre los rayos se han intercalado unas ramas de olivo de oro blanco, en referencia a la principal advocación de la Titular: un ancla en el imperial central alude a la segunda advocación.

En el exterior de la ráfaga se han colocado las doce estrellas apocalípticas y otras más pequeñas de cristal para completar y armonizar el conjunto. El diseño de las estrellas principales merece especial consideración ya que para él se ha usado de forma más evidente la geometría fractal, ésta es una geometria más numérica o algebraica que espacial y que está en la base de muchos ritmos de crecimiento de la naturaleza, con antecedentes en los trabajos de matemáticos como Cantor, Poincaré o Sierpinsky, pero desarrollada en los años setenta del siglo XX por Benoit Mandelbrot.

El autor

El cordobés Manuel Valera, uno de los más prestigiosos orfebres del actual panorama del arte cofrade, es un fijo en este tipo de lides, siendo el autor sin ir más lejos de las coronas y el rostrillo con los que se coronaron a la Virgen de la Cabeza de El Carpio y a su Bendito Hijo el pasado mes de octubre, en la última coronación de estas características que ha tenido lugar hasta la fecha en la diócesis de Córdoba. Además, su hijo concibió el logotipo del 75 aniversario de la hermandad, con lo que su vinculación sentimental con la hermandad no es nueva.