Tal y como adelantamos en Gente de Paz el pasado mes de febrero, la Hermandad del Rescatado ha encargado al diseñador y bordador cordobés Antonio Villar la realización la nueva saya de salida de María Santísima de la Amargura. Una pieza que, en base a la conocido nivel creativo de Villar hará las delicias de los amantes de este noble arte. La previsión es que la dolorosa de la corporación trinitaria estrene la nueva pieza el próximo Domingo de Ramos, si bien la pieza ha sido bendecida este viernes a la conclusión de la misa de hermandad. Un trabajo que vuelve a evidenciar la trascendencia que ha adquirido el nombre de Villar en los últimos años.
El propio Villar ha explicado a Gente de Paz que la Virgen poseía de finales la década de los años 70 una saya que bordaron las Adoratrices que se componía de una falda sencilla, las mangas y el corpiño bordado sin cinturilla, motivo por el cual la Hermandad tenía la pieza prácticamente en desuso, de ahí que el diseñador plantease pasarla al mismo color de terciopelo vino tinto, para que mantuviese el color original, «que es muy trinitario que junto con el azul del manto», pero enriquecida en su totalidad, de modo que «actualmente las saya tiene un 200% de piezas nuevas». Además, Villar ha recompuesto la saya en base a un diseño nuevo, que incluyen las hojarascas de gran tamaño que figuran en los lados, «que lo que hace es engrandecer la composición del diseño y del bordado de la saya». Un elemento muy original de la nueva pieza es que al no tener cinturilla Villar ha reutilizado los bordados del antiguo corpiño para realizarla.
Antonio Villar es un contrastado artista multidisciplinar que, además de bordador, ejerce las labores de vestidor y diseñador, además de restaurador de bordados como se ha podido comprobar a lo largo de esta noticia. Villar ha logrado situar su nombre entre los más conocidos y respetados del actual panorama artístico de la ciudad de San Rafael, reconocido y valorado a lo largo y ancho de nuestra tierra, tal y como evidencian los numerosos encargos que acomete a lo largo del curso cofrade y que se reparten por los cuatro puntos cardinales de la geografía cofrade.





