Así es la última maravilla de López del Espino

En la noche del pasado sábado tenía lugar la bendición del Santísimo Cristo Yacente, perteneciente a la Cofradía del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Soledad, de la ciudad de Barbastro, obra del escultor, Francisco Javier López del Espino. La Iglesia de San Francisco, acogía este acto solemne donde se presentaba a los cofrades este Cristo Yacente que tal y como vamos a describir, rompe algunos parámetros habituales a la hora de ejecutar esta compleja obra, dentro de la iconografía sacra.

La Imagen de Jesús yacente se nos presenta con un exquisito estudio anatómico, expresado a través de la gubia y de su extraordinaria policromía, uno de los puntos fuertes en la obra de López del Espino. La testa del redentor se nos presenta de una forma muy original, ya que no reposa sobre ningún elemento de los denominados tipo tradicional, sino que cae hacia atrás con una resolución en la posición y en el pelo donde vemos el trato delicado y cuidado del escultor a la hora de trabajar esta zona esencial en este tipo de obras que en su mayoría no se aprecian debido a su posición en altares, capillas o los propios pasos donde procesionan en Semana Santa.

El Yacente tiene unas proporciones naturales, siendo su medida de 1,78 metros de madera de cedro policromada y es una obra exenta divida en dos piezas, por un lado el Cristo y por otro lado la piedra donde yace el Señor. Para el estudio anatómico el escultor se ha servido de modelos al natural para buscar la máxima perfección. A la misma vez tanto en las extremidades, manos, pies, torso, vemos como hay un elaborado estudio tanatológico utilizando diferentes tipo de tono de sangre, cada uno de ellos dependiendo de las partes del cuerpo en los instantes posteriores a la bajada de la cruz y traslado al sepulcro. Derrames en manos y pies, rigor mortis, signos de la flagelación y la crucifixión perfectamente detallados.

No podemos obviar la belleza, unción y fuerza que transmite esta obra a pesar de su complejidad artística a la hora de plasmar la muerte en un cuerpo martirizado como el de Cristo. Todo eso, unido a la belleza en la testa y cabellos del Yacente. Nuestro escultor logra a través del estudio pormenorizado buscar la conmoción en el espectador, presentándonos un cuerpo sacrificado, lleno de heridas, martirizado, pero a su misma vez, plasmando la belleza y divinidad del Redentor.

Un estudio pormenorizado de la losa donde descansa el cuerpo del Yacente, que queda integrado a la perfección y nos permite visualizar una obra que a pesar del momento traumático, nos deja en los ojos y en la belleza del Señor, el presagio de una inminente Resurrección.


Eduardo González Cano es Catedrático de Historia del Arte