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Así es la última y personal joya de Manuel Martín Nieto

El imaginero moronense Manuel Martín Nieto acaba de desvelar la última joya nacida de su gubia, una impactante dolorosa a tamaño natural, muy personal, en cuya ejecución «he tenido máxima libertad de creación por parte de los clientes», según ha explicado el propio imaginero. La dolorosa está tallada en madera de cedro real íntegramente, tanto el rostro, como las manos, el cuerpo, el candelero y los brazos.

Policromada al óleo íntegramente, incluyendo ojos, los postizos que tiene son las pestañas y las lágrimas de cristal, ambas elaboradas en el taller artesanalmente. Para el excelente reportaje de Jorge Cabrera, la dolorosa está vestida por David Toro, luciendo terno, mantilla y corona cedidos por la agrupación Parroquial de Nuestro padre Jesús de la Salud y el Perdón y María Santísima de los Ángeles y de la Cruz, de Morón de la Frontera.

«Me apetecía mucho cambiar la expresión de las manos, ya que al cliente no le importaba», ha explicado, indicando que «tenía guardada una pintura que me ha inspirado para el movimiento que podéis ver de manos», que son entrelazadas, pero totalmente talladas por fuera y por dentro, pensando en poder colocar un pañuelo y clavos. «Por último, como no, agradecer también a Yasmina que me ha servido muchísimo como inspiración del natural para esta obra. Ha sido un placer conocerte y compartir contigo esta experiencia. Muchísimas gracias de corazón», ha concluido Martín Nieto.

Manuel Martín Nieto es uno de los máximos responsables del intenso brote naturalista que caracteriza la evolución y la brillante transformación de la escultura neobarroca andaluza en las dos primeras décadas del siglo XXI. Establecido en Morón de la Frontera, su actividad se proyecta por toda Andalucía y buena parte de España, con unas notas de calidad que lo distinguen y avalan en el nutrido grupo de grandes escultores sevillanos de nuestro tiempo.

Su formación material en los talleres de Manuel Guzmán Bejarano, Manuel Hernández León y José Antonio Navarro Arteaga, le aportó un sólido dominio del oficio, condición imprescindible para el desarrollo de un estilo personal y de la maestría a la que ha llegado después de dos décadas de trabajo ininterrumpido. Con ellos se inició en la estética neobarroca, a la que siempre ha mostrado un profundo aprecio; sin embargo, varios factores lo distinguen de sus maestros y de los escultores afines coetáneos.

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