Sevilla, ⭐ Portada

Las ceremonias sobran en Semana Santa

Cierto es que los días de la Feria de Abril siempre han servido, al menos en las casetas cofrades de Sevilla al son de sevillanas y con el registro de un fino de Sanlúcar, para hacer una valoración profunda de la Semana Santa recién acabado.

Así es Sevilla. Le encanta saborear y mezclar sus grandes tradiciones hasta fundirlos en una fantasía luminaria de recuerdos.

Pues bien, este año por las circunstancias no habrá Feria al uso como tampoco se ha celebrado la Semana Santa conocida, pero no por ello falta la evaluación callejera de lo que han supuesto los días de la Pasión en Sevilla.

Este humilde articulista ha escuchado comentarios positivos sobre las Veneraciones celebradas en los templos, que han levantado el ánimo y echado a la calle a una ciudad anhelante de cofradías. Y no exagero. Fíjense ustedes en las colas de varios metros y la seguridad policial en cada templo; o la cantidad de dinero que se ha recaudado para las diferentes diputaciones de caridad.

A pesar de ello, sí he escuchado la voz de muchas personas reivindicar exactamente lo mismo: Menos actos protocolario.

Todo el mundo asume que las iglesias, especialmente en Semana Santa, van a contar con un incremento de las misas y los cultos de rigor como el Triduo Pascual o la Misa de Hermandad sustitutoria de la Estación de Penitencia.

Esto es lógico y normal, pero en torno a ello aporto mi primera crítica. Es incomprensible que se pare una Veneración a mitad del día o que una iglesia cierre varias horas por celebrar una Eucarística y un Vía Crucis. Al menos para el que suscribe. La jornada tiene muchas horas, y dichos cultos han de reservarse para las primeras o últimas horas, con el fin de evitar parones y aglomeraciones en las visitas de los fieles al templo, que son también fundamentales.

Por otro lado, me resulta absurdo programar en una Semana Santa, ya sean en condiciones normales o especiales como la que nos ocupa, actos de la índole de ofrendas de costaleros, juras de hermanos, reconocimientos o exaltaciones.

Las hermandades han de vivirse durante todo el año, y tiene poco sentido organizar un acto como una Veneración, con la afluencia de público que conlleva, para cortarlo cada cierto tiempo por los diversos acontecimientos que pueden trasladarse a cualquier época del año; y prueba de ello es la notable disminución de las actividades de las Cofradías de Penitencia entre los meses de mayo y septiembre, momento más que propicio para agendar estos eventos.

Esto no es nuevo. La queja viene ya de muchos años atrás y de los besamanos o triduos, cultos en definitiva vistosos para las hermandades pero en ocasiones soporíferos por su duración y el amplio programa de actos que incluye.

Por ello se enciende el altavoz para rogar casi clamando al cielo que no se haga ni un acto más de ese estilo durante las fechas más señaladas de la cofradía, pues hay tiempo absolutamente para todo. Desahoguemos la Semana Santa para vivirla y sentirla en su justa medida.

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