Una de las estampas más emblemáticas de esta Semana Santa es, sin duda, la celebración del Santo Entierro Grande, con motivo del 775 de la reinstauración del culto cristiano en la ciudad. A principios de octubre del pasado año ya se conocían los pasos participantes: Montesión (Sagrada Oración en el Huerto), la Redención (Beso de Judas), San Gonzalo (Jesús ante Caifás), las Cigarreras (Sagrada Columna y Azotes), el Valle (Coronación de Espinas), la Macarena (Sentencia de Cristo), la Paz (Entrega de la Santa Cruz), Pasión (Jesús de la Pasión), la Amargura (Calle de la Amargura), la Esperanza de Triana (Tres Caídas de Nuestro Señor), la Exaltación (Crucifixión), Montserrat (Conversión del Buen Ladrón), el Cachorro (Sagrada Expiración), el Calvario (Cristo muere en la Cruz) y la Quinta Angustia (Sagrado Descendimiento).
Después, tal y como recogen las reglas de cada una de las hermandades, la participación tuvo que ser sometida a aprobación del cabildo general. Otras opciones barajadas quedaron finalmente descartadas, como el misterio de la Bofetá, el de la Presentación al pueblo de San Benito, el Cristo de la Salud de San Bernardo o el misterio de las Siete Palabras.
Por fin se culminó un sueño que comenzó desde entonces a tomar forma. El Sábado Santo pudo disfrutarse un acontecimiento que no se repetía en Sevilla desde 2004. Las buenas temperaturas contribuyeron a que todos los pasos salieran sin pensar en los condicionantes meteorológicos, lo que se tradujo en entradas más tardías.





