Que lo que la ciudad de Linares vivió el pasado sábado rozó lo magistral es innegable. Un cortejo nutrido, un portentoso misterio y un acompañamiento musical inconmensurable, una mezcolanza infalible que germinó la esencia de lo inenarrable a través de las palabras.
La procesión extraordinaria del Señor de la Oración en el Huerto supuso el colofón a un año cargado de actos para la hermandad radicada en la Basílica de Santa María. Un acontecimiento que atrajo gran cantidad de foráneos y que convirtió a la ciudad en el epicentro de la religiosidad popular de la mano del buen hacer de una de las Cofradías señeras de la ciudad y, como no, del innegable elemento tractor que proporcionan las dos bandas participantes, tanto Santo Tomás de Villanueva como de Tres Caídas de Triana.
Fue la formación manchega, la que puso los primeros sones a la tarde en una lonja de Santa María repleta de personas que esperaban, con ahínco, la difícil salida del Señor. Sin solución de continuidad, uno de los primeros sones en ser interpretados por la magistral formación fue el estreno de la composición musical dedicada a la Cofradía. «Oración y Gracia», como se denomina la marcha, retumbó en la larga plaza que se extiende hasta el consistorio municipal para acompañar la primera revirá del paso de Jesús Orante. El sello característico de su compositor, Ignacio García, y la insigne silueta del misterio hicieron las delicias a primeras horas de la tarde cuando se empezaba a presagiar el éxito indiscutible de uno de los mayores acontecimientos cofrades de los últimos años en la provincia de Jaén.
Vídeo | Juan Antonio Rodríguez Salazar





