Cruz de guía | «Kerygma», la Virgen y la tragedia

Se preguntarán, qué tendrá que ver los dos primeros vocablos con el tercero. En tiempos donde el ámbito cofrade corre el constante riesgo de quedar recluido en el debate meramente estético, superficial o procesional, la exposición «Kerygma» en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Granada se erige como una lección magistral de lo que debe ser la verdadera divulgación del hecho religioso a través del arte sacro.

Y es que reunir en el primer templo de la Archidiócesis un patrimonio de valor incalculable no solo sirve para rendir homenaje a siglos de devoción popular y magisterio artesanal. La gran aportación de esta muestra radica en su capacidad para articular un discurso catequético coherente radicado en el Evangelio —el verdadero kerygma— a través de la plasticidad de nuestras imágenes devocionales, los bordados de las bambalinas y los metales de la orfebrería.

Sin embargo, el verdadero sentido de esta iniciativa trascendió lo banal cuando la realidad irrumpió con toda su crudeza tras la tragedia ferroviaria de Urda. En un gesto de profunda sensibilidad litúrgica y humana, la exposición supo adaptar su espacio y su alma al luto de toda una sociedad. La presencia de Nuestra Señora del Amor y del Trabajo, Patrona de los Ferroviarios, la cual presidirá en el altar mayor de la Catedral la Misa funeral por las víctimas del accidente, convertirá la majestuosidad de la muestra en un templo vivo de consuelo y oración.

«Kerygma» ha demostrado que la riqueza y la capacidad de adaptarse a las vicisitudes acumuladas por las hermandades a lo largo de todo el año. No es fruto del orgullo corporativo ni de la simple inercia patrimonial. Es teología hecha materia puesta al servicio del pueblo, tanto para proclamar la luz de la Salvación como para alumbrar las noches más oscuras de nuestra historia reciente. En la Catedral de Granada, el patrimonio ha sabido estar donde siempre debió estar que no es otro que estar al lado de quienes sufren.