Cantillana retoma su romería de la Divina Pastora una década después

Tras diez años de espera, los devotos de la Divina Pastora volvieron a acompañar a la venerada imagen atribuida a Ruiz Gijón en su tradicional romería hasta la ermita situada a las afueras de la localidad sevillana. La última vez que se había celebrado este traslado fue en 2015, ya que la pandemia interrumpió la cita hace cinco años, impidiendo la continuidad de una de las expresiones de fe más arraigadas en la Vega del Guadalquivir.

Ni siquiera el riesgo de lluvia, que se dejó sentir al final de la misa, frenó la asistencia masiva de fieles que abarrotaron la explanada de la ermita en la mañana del domingo. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, quien centró su homilía en el profundo valor espiritual que esta peregrinación tiene para Cantillana.

La homilía del arzobispo

En su intervención, monseñor Saiz Meneses destacó que la romería concede a la devoción a la Divina Pastora de las Almas “un sentido más intenso”, porque “María no es solo objeto de veneración singular, sino modelo de conversión, de cercanía compasiva y de cuidado del rebaño”. Subrayó además que “Cantillana es tierra de María Pastora”, recordando que en el marco del Año Jubilar de la Esperanza, esta romería debía vivirse también como una “peregrinación interior, peregrinación del espíritu”. Invitó a los presentes a renovar en este encuentro “el sueño de esperanza para Cantillana, para la Archidiócesis y para cada familia”.

Una llamada a la renovación espiritual

El prelado quiso dejar dos compromisos claros a los devotos pastoreños. En primer lugar, insistió en que la romería no se quede en “un evento que se recuerda como tradición, sino que se convierta en punto de inflexión espiritual”. Inspirándose en las lecturas del día, alentó a promover “iniciativas eclesiales que favorezcan a los más pobres, garanticen un mínimo digno para las familias y abran cauces a la cooperación social desde la fe”.

En segundo lugar, puso el acento en la importancia de “vivir como comunidad creyente y no como agrupaciones cerradas”. Recalcó que hermandades, cofradías y grupos parroquiales deben “abrir sus puertas, caminar juntos con los más vulnerables y proponer la caridad organizada como dimensión constitutiva de la fe”. Y añadió con firmeza: “No basta tener hermandades numerosas si el corazón está cerrado”.

El arzobispo exhortó además a los presentes a acudir con sinceridad al sacramento de la reconciliación, recordando que la verdadera comunión con Cristo solo puede mantenerse si se eliminan las cargas que enturbian el corazón.

La romería de 2025, tras una década de ausencia, se ha reafirmado así como un símbolo de esperanza y renovación espiritual, marcando un antes y un después en la vida de los devotos de la Divina Pastora de Cantillana.