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Córdoba, Costal, Enfoque, Opinión

¿Capataz de cofradía o capataz de cofradías? That’s the question

Son varias las hermandades que actualmente se encuentran con esta pregunta sobre su mesa, hermandades como la Estrella, el Amor, el Prendimiento y algunas más de la provincia, debaten sobre qué persona será la idónea para otorgar el privilegio de comandar a la cuadrilla encargada de sacar a la calle el tesoro más preciado de la cofradía. Cada vez que una Hermandad prescinde de uno de sus capataces o de los dos, como también se da el caso, sobre la mesa revolotea esa cuestión. ¿Capataz de la cofradía o capataz de cofradías? Los dos son fácilmente reconocibles.

El primero es aquel que normalmente llega a ese puesto habiendo pasado por diversos cargos dentro de la cofradía, o bien siendo uno de los hombres de confianza dentro de la cuadrilla, osea un costalero de peso, como se suele decir. Puede acceder a tal cargo por dos motivos bien diferenciados, o con un trabajo bajo los faldones y conversaciones clandestinas con algunos miembros de junta, donde se le expondrá el malestar de la cuadrilla (previamente minada) con el capataz actual, lo que viene siendo «hacer la cama». O por ser miembro de la cofradía sea de la cuadrilla o no y goza de la confianza de dicha junta. El segundo es aquel que sin ser de la cofradía goza de un currículum que demuestre sus buenas maneras y se puede apreciar su trabajo en los pasos que manda.

El primero se encontrará con diversos problemas. La Junta le exigirá que los costaleros vayan a los cultos (que para eso tienen el privilegio de ser los pies del Señor), le impondrá un tipo de vestimenta para los costaleros, (nada de tirantes ni pantalones remangados), una papeleta de sitio y si la cosa, después de cortar la cabeza al antiguo capataz, siguiese boyante de costaleros, se le pedirá que sean hermanos, y él junto a su equipo de auxiliares tendrán que abonar una papeleta de sitio, en algunos casos más que abusiva, diría yo. Y por último, tendrá que vivir con la losa de que durante todo el año estará cuestionado y continuamente le enseñarán y recordarán dónde está la puerta de salida en caso de no estar de acuerdo con algo. En bastantes casos esta opción no termina bien y se decide pasar a la segunda.

Por el contrario, si en la mesa de negociación se opta por traer a un capataz de fuera, que sin ser de la cofradía viene a servirla, a éste, sólo le faltará una alfombra roja bajo los pies puesto que en la mayoría de los casos, (y digo en la mayoría y no en todos), el capataz no solo es llamado por su buen hacer, sino porque ha de aportar un número de costaleros para cubrir las bajas ocasionadas por la destitución del anterior, cantidad que viene siendo aproximadamente la mitad de la cuadrilla, dependiendo del paso. Seguramente la junta tenga las mismas exigencias que con el primero (vestimenta, papeletas, hermanos…) pero las necesidades de cubrir el paso de costaleros, les hace dejarlas a un lado.

Por otro lado y en beneficio de la Hermandad, el capataz foráneo asegura a la junta unos años de calma, donde ni él, ni la cuadrilla darán problemas en cabildos y demás, ya que vienen a realizar un trabajo y no quieren saber nada más allá de los ensayos y demás asuntos relacionados con el costal. Esta segunda opción no siempre da el resultado esperado y les hará pensar que la primera opción era la mejor. 

Y si ambas opciones terminan fallando, siempre quedará la opción VIP, fichar un capataz de renombre y si es de Sevilla mejor… pero esta opción, la de Florentino Pérez, la dejaremos para otro día…

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