El capirote | El decoro

La ciudad y los días. Sevilla y su tiempo de Glorias, tan íntimo que es un deleite para los sentidos. En la jornada de ayer Milagros Ciudad exaltó un periodo que no tiene parangón en el resto de España. La riqueza de la historia de las cofradías de gloria se cuenta por siglos. Mayo nos deparará, entre otras, belleza en la Costanilla con la Virgen de la Salud y en el barrio de Santa Cruz con la Virgen de la Alegría, quien ya está preparada para presidir sus cultos.

Este sábado Madre de Dios de la Candelaria regresaba desde la catedral hasta la basílica del Gran Poder. Numeroso público en un centro que cada vez es más del turista que del propio sevillano, y que nos reconcilia con la ciudad cuando una imagen mariana transita por las vértebras que antaño fueron sostén de comercios tradicionales, entregadas hoy a las franquicias de comida rápida, perfumerías y moda.

Si hay uno de los malos que atañe a nuestras cofradías es el comportamiento de quien acude a verlas. Por suerte, no es la mayoría asidua a optar por comportamientos poco decorosos. Pero siempre hay quien da la nota, quien convierte aquello en un circo. Los jóvenes de la imagen, que esperaban en Tetúan al paso de la cofradía, no tuvieron otra ocasión de darse el lote ante la multitud. No fue un pico o un par de besos. Fue la exaltación del amor, ¡qué viva el amor! Pero en otros contextos. Tal fue el arrebato de pasión que hasta uno de los miembros de la hermandad no pudo evitar mirar de reojo a lo que estaba pasando.

Al fondo, la Virgen avanzaba en una histórica jornada la corporación letífica. Se adentraba en Tetuán abarrotada de público. Lo que en otras ocasiones habría pasado desapercibido no es más que un ejemplo de cómo nuestro comportamiento acaba en ocasiones convirtiéndose por desgracia en centro de la atención. Y así como sucedía esta tarde, ocurre en la Semana Santa, el Corpus, las romerías que se avecinan… Otro ejemplo más de la falta de decoro que rodea a nuestras tradiciones. Así nos va.