Portada, Sevilla

Carmona vivió un esplendoroso Corpus

La ciudad se echó a la calle en una radiante mañana

Según los historiadores, la celebración del Corpus es la más antigua de la ciudad. Más de quinientos años después, Carmona se hace retablo para acoger al Santísimo Sacramento. En la mañana de este domingo la ciudad se convierte en una cita ineludible, cada año con mayor público y cuyo renacer hay que buscar en los años noventa, cuando en una grave crisis las instituciones se dieron la mano para revitalizar la fiesta.

Víspera

Comenzó entonces a desplegarse un programa que ha ido calando entre los carmonenses, donde se han afanado desde entidades hasta particulares. Las calles con juncia y romero, los balcones engalanados y la cantidad de altares instalados son prueba de ello. Por citar algunos, el levantado por la Orden Seglar, presidido por Santa Juliana Falconieri, con motivo de su festividad, donde también aparecía el Dulce Nombre de Jesús, de la Parroquia de San Pedro, con ocasión del V centenario de la cofradía. Pero también el de la Esperanza o la Amargura, con San Juan Evangelista y la Virgen de Fátima, respectivamente.

El sábado comenzaron los traslados con la imagen de la Divina Pastora desde San Bartolomé, la segunda imagen de esta advocación en el mundo, ofrecida por fray Isidoro de Sevilla. Alrededor de las 20:00 h. salió el paso con destino al patio de entrada de la Casa de los Rueda, justo enfrente de la Prioral de Santa María, desde donde comienza a salir el cortejo. Acompañó musicalmente Nuestra Señora de la Victoria, de Arahal.

Media hora más tarde fue Santa Clara, titular del monasterio de las hermanas clarisas, la que fue trasladad sobre un templete decimonónico, hasta la calle San Ildefonso. La imagen, del siglo XVIII, transitó por Santa María de Gracia, Plaza del Marqués de las Torres y Martín López.

El casco antiguo de Carmona comienza entonces a llenarse de público ante el traslado de varias imágenes. A las 20:30 lo hizo el Cautivo de Belém, desde la capilla de San Francisco, quedando situado en la Plaza de San Fernando, en cuyo centro aparecían este domingo alfombras de colores realizadas por escolares de la localidad, idea nacida en el seno de la asociación Alkandoros. Y a esa misma hora, desde la Iglesia de San Blas, la Virgen del Rosario, de la Expiración, llega hasta su altar, instalado en la calle Martín López, una imagen que fue titular de una congregación extinguida, tallada en el siglo XVIII. Al primero de los pasos acompañó la Banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de Gracia y, al segundo, la Banda municipal de Mairena del Alcor.

Domingo de júbilo

La noche en Carmona se vive con los vecinos adornando las calles, los portales de las casas y los balcones. Algunos altares han sido de tal envergadura que acabaron de estar montados al alba. Algunos de ellos se afanaron en levantarlos al ponerse el sol, para aprovechar la bajada de las temperaturas. Los traslados continuaron en la misma mañana, en este caso con el traslado de San Juan Evangelista, de la Humildad, obra atribuida a Montes de Oca. La Banda de cornetas y tambores del Nuestra Señora del Sol puso los sones tras el paso.

Después, la banda marchó hasta las inmediaciones de la Prioral de Santa María. En el interior continuaba la celebración de la santa misa y después, pasadas las diez de la mañana, comenzó a asomar el cortejo. El primero de los pasos contiene la reliquia de San Juan Grande. Con motivo de la canonización del santo carmonense las hermandades donaron el relicario, obra en plata de ley, de Jesús Domínguez. Los devotos continuaban llegando al centro. Móviles en mano tomaban instantáneas de los altares efímeros que se distribuyeron por todo el recorrido. A primera hora las temperaturas eran agradables, lo que propició que con tranquilidad uno pudiera fijarse en la multitud de detalles que los componían.

Tras la reliquia, el pendón de la ciudad antecediendo a San Teodomiro, patrón de Carmona. La imagen de Bonilla Cornejo, de 1994, se adentraba por calle Martín López, acompañado por la Banda del Sol. El número de representaciones, justo en su medida, ayuda a contemplar toda la procesión sin necesidad de buscar un lugar donde apostarse. De la música al silencio en cuanto la Virgen de la Encarnación asoma por el dintel del templo. Atribuida a Jorge Fernández Alemán, estrenaba un manto de sedas y oro. Titular del Convento de Madre de Dios, no pasó inadvertido entre los asistentes el vestido color coral, del XVIII, una de las grandes joyas textiles del ajuar de la titular letífica.

El cuarto paso lo preside el Niño Jesús del Dulce Nombre quien, bajo templete de Solís y Palomino, es quizá la más entrañable de las imágenes que forman parte de la procesión. Sostiene la cruz en su mano izquierda mientras que con la derecha se dispone a bendecir. El exorno, siempre colorido, pone la nota de color antes de la llegada del último paso.

El Niño Jesús del Dulce Nombre entra en Martín López cuando ya asoma la custodia. El Santísimo asoma a las calles tras dos años sin hacerlo y las campanas repican. Jornada esplendorosa donde los rayos del sol se cuelan por entre los toldos y las genuflexiones se multiplican. Considerada como una de las grandes custodias del renacimiento español, ejecutada por Alfaro en el último cuarto del XVI, avanza por entre la multitud. Detrás, la Banda de la Villa de Osuna.

Tras la procesión las imágenes que presidieron algunos de los altares regresaron a los templos. El casco histórico volvió a dispersarse y los costaleros se encargaron de llevar la juncia y el romero a sitios más alejados, como la Iglesia de San Blas o la Capilla de San Francisco.

Carmona volvió a demostrar su amor hacia Jesús Sacramentado. La ciudad engalanó sus calles, levantó portentosos altares, tanto de hermandades como de particulares, que alumbraron una procesión que es todo un ejemplo de buen hacer.